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Uno de los múltiples avances de la medicina, derivado de las investigaciones y trabajos de médicos y cirujanos, es el conocimiento de la diabetes mellitus

 

La diabetes mellitus es una enfermedad milenaria. Desde 1,500 años antes de nuestra era se conocía su lenta y penosa evolución en un individuo que perdía peso, estaba sediento todo el día, orinaba sin cesar y moría pronto. De ahí su nombre, diabetes, de la necesidad exagerada de emisión de orina o poliruria. Siglos después, en 1673 Thomas Willis añadió el nombre de mellitus (semejante a la miel) por el sabor que tenía la orina de estos enfermos.

Durante siglos no hubo avance en el manejo de esta enfermedad y a finales del siglo XIX el papel del páncreas en el proceso fue conociéndose cada vez más. El célebre doctor Claude Bernard participó en estos estudios y muchos investigadores trataron de desarrollar técnicas para extraer las sustancias del páncreas que pudieran aliviar la diabetes.

Fueron dos investigadores Frederick G. Banting y Charles Best quienes en su laboratorio de Toronto aislaron la sustancia que llamaron isletina (por proceder de los islotes de Langerhans) y en 1922 la aplicaron por primera vez a un joven diabético, Leonard Thompson. Los resultados fueron alentadores y poco después la hija del Gobernador de Nueva York, Elizabeth Huges recibió el tratamiento con un éxito rotundo. Los investigadores publicaron su trabajo, por el que recibieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1923.

El estudio del funcionamiento del páncreas y de las sustancias que podrían aliviar la diabetes mellitus continuó, en 1959 apareció la metformina, en 1958 la sulfonilurea y a partir de entonces se han diseñado nuevos fármacos que permiten que el individuo con diabetes tenga un control adecuado de su enfermedad.

Fuente: SciELO

Referencia Bibliográfica: Álvarez-Cordero, R. (abril/junio, 2017). Del descubrimiento de la insulina a la cirugía metabólica de la diabetes. SciELO, 15(2).

 

El consumo frecuente de alimentos fritos está posiblemente relacionado con la ansiedad y la depresión

Un equipo de científicos de la alimentación de la Universidad de Zhejiang, en China, ha descubierto una posible relación entre el consumo frecuente de alimentos fritos y el aumento de los niveles de ansiedad y depresión en los consumidores. En su estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, el grupo describe el análisis de los datos de 140.728 pacientes.

El equipo de investigación señaló que investigaciones anteriores habían establecido vínculos entre los patrones dietéticos occidentales y los problemas de salud mental. Sospechando que al menos algunas de las pruebas podrían remontarse al consumo frecuente de alimentos fritos, el equipo comparó las tasas de ansiedad y depresión declaradas con los relatos de conductas alimentarias que incluían el consumo frecuente de alimentos fritos.

Descubrieron que los que declaraban comer muchos alimentos fritos tenían más probabilidades de que se les diagnosticaran síntomas de ansiedad y/o depresión. Más concretamente, descubrieron que los síntomas aumentaban entre un 7% y un 12% en las personas que declaraban comer este tipo de alimentos, y que el mayor riesgo parecía estar asociado al consumo de patatas fritas en forma de papas fritas.

Para averiguar por qué el consumo de este tipo de alimentos puede aumentar las probabilidades de sufrir problemas de salud mental, el equipo aisló la acrilamida (un compuesto orgánico cristalino soluble en agua), que describen como un contaminante alimentario que aparece cuando se fríen los alimentos.

Probaron el impacto de la acrilamida en el pez cebra y descubrieron que reducía su afán por explorar nuevos territorios y su sociabilidad, ambos signos de escototaxis y trigmotaxis, que son comportamientos de los peces que se cree que son similares a la ansiedad y la depresión en los humanos. También descubrieron que el consumo de acrilamida reducía la expresión de tjp2a, que desempeña un papel en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica.

Fuente: MedicalXpress

El cáncer es una de las tres primeras causas de muerte en Cuba

Desde 1970, el cáncer constituye una de las tres primeras causas de muerte en Cuba, y desde 2000 es la primera causa de años de vida potencialmente perdidos, según el sitio web del Ministerio de Salud Pública (Minsap).

El doctor Carlos Alberto Martínez Blanco, jefe de la Sección de Control del Cáncer, del Minsap, explicó que el comportamiento de esta enfermedad impone nuevos retos en el abordaje y la necesidad de establecer alianzas que permitan perfeccionar la estrategia de intervención, sobre la base del fortalecimiento de las acciones de prevención y promoción en la atención primaria de Salud.

Según el Anuario Estadístico, al cierre de 2021 se reportaron 26 791 fallecidos por esta enfermedad, de ellos, 15 450 hombres y 11 341 mujeres.

Las principales localizaciones en el sexo masculino fueron próstata; tráquea, bronquio y pulmón; intestino, excepto recto; laringe; y labio y cavidad bucal; mientras que en el sexo femenino correspondieron a tráquea, bronquio y pulmón; mama; intestino, excepto recto; otras partes del útero y el cuello uterino.

La incidencia se concentra, en mayor medida, en la piel para uno y otro sexo, seguido en los hombres por el cáncer de próstata; bronquio y pulmón; labio y cavidad bucal; y colon, y en las mujeres por los de mama; bronquio y pulmón; colon; y cuello uterino.

Es preciso elevar el conocimiento de la población, incrementar el autocuidado y la autorresponsabilidad, e incentivar la atención temprana, que repercute en mayores probabilidades de supervivencia y mejor calidad de vida.

En la región latinoamericana, el cáncer representa la segunda causa más frecuente de morbilidad y mortalidad, después de las enfermedades cardiovasculares.

La Organización Panamericana de la Salud (ops) estima que cuatro millones de personas fueron diagnosticadas en 2020, y 1,4 millones fallecieron por esta causa.

El organismo internacional alerta que la carga de la enfermedad aumentará aproximadamente en un 60 % en las próximas dos décadas, lo que afectará aún más los sistemas de Salud, las personas y las comunidades.

El padecimiento puede prevenirse y controlarse implementando estrategias basadas en la evidencia para la prevención y detección tempranas.

Fuente: Granma

¿Los delfines pueden automedicarse?

Un grupo internacional de científicos reveló que los delfines mulares del Indo-Pacífico se curan las infecciones de la piel frotándose contra ciertos tipos de corales y esponjas marinas.

Angela Ziltener, bióloga de la Universidad de Zúrich (Suiza), comentó que hace 13 años notó por primera vez como unos delfines rozaban sus cuerpos contra un coral que se encontraba en aguas del norte del mar Rojo, en las costas de Egipto. Esto la llevó a ella y a su equipo a preguntarse por qué esos cetáceos eran selectivos con los corales en los que se frotaban.

Los autores de la investigación, publicada en la revista Science, pudieron detectar y recolectar los corales que empleaban los delfines para restregarse, ya que lograron ganarse la confianza de los animales.

Esperan también identificar qué corales y esponjas se emplean para partes específicas del cuerpo de los delfines.

 

Tribuna de La Habana

Cómo se inició la vacunación en Cuba

El 10 de febrero de 1804 el médico habanero Tomás Romay y Chacón halló la posibilidad de introducir y propagar la vacuna contra la viruela en la Isla.

En estos largos meses en que la COVID-19 ha marcado el día a día de los cubanos y en los que tanto se habla de vacunas y candidatos vacunales, cabe recordar que hace 217 años que se inició la vacunación en Cuba. En efecto, el 10 de febrero de 1804 el médico habanero Tomás Romay y Chacón halló la posibilidad de introducir y propagar la vacuna contra la viruela en la Isla.

Hablamos de una figura cimera de la Medicina cubana. Dotó de una visión científica a su profesión y estableció la primera clínica médica que existió en La Habana. Estuvo entre los fundadores del Papel Periódico y dirigió la Sociedad Económica de Amigos del País. Fue tesorero de la Universidad, donde ejerció además como profesor de Anatomía y decano de su Escuela de Medicina. Fue cercano colaborador del capitán general Luis de las Casas, y a él se debe, con el apoyo del obispo Espada, la supresión de la práctica de los enterramientos dentro de las iglesias. Pero ha pasado a la historia, sobre todo, por haber iniciado la vacunación en Cuba. Representa, escribió el ensayista Félix Lizaso, la más clara conciencia científica unida al más acendrado desvelo patrio.

Viruela de las vacas

La viruela fue uno de los grandes azotes de la Humanidad. Una de las enfermedades infecciosas más temidas por su letalidad y secuelas. Sucedía, sin embargo, algo notable: quienes no morían por su causa, quedaban protegidos contra una infección posterior. De ahí que se procurara provocar el contagio de manera artificial, bien por usar las ropas de un enfermo o por dejarse pinchar con agujas embarradas del pus que emanaba de sus llagas.

En los años postreros del siglo XVIII se propagó la noticia de que en Inglaterra se había encontrado un material ideal para la vacunación. Su descubridor fue el médico inglés
Edward Jenner (1749-1823) al observar que las vacas sufrían una enfermedad con la misma apariencia que las costras de la viruela. Llamó a esa enfermedad «viruela de las vacas» y advirtió que las personas que manipulaban a bovinos enfermos se infectaban y padecían de costras en manos y brazos. En una finca cercana enfermaron de viruela varias vacas y una muchacha contrajo la enfermedad. Con la sustancia obtenida de las costras de la enferma, Jenner vacunó a un niño de ocho años de edad que se repuso pronto tras sufrir los síntomas característicos del mal.

Luego lo vacunó con la viruela verdadera, sin que presentara reacción alguna. Meses más tarde repitió la prueba sin complicación alguna.
Los médicos cubanos conocieron el procedimiento de la inoculación preventiva en 1802, apunta el investigador José Antonio López Espinosa en un brillante acercamiento al tema, del que se nutre el escribidor. Añade que los ejecutivos de la Sociedad Económica, impuestos de la eficacia del procedimiento y su creciente aceptación en el mundo civilizado, consideraron oportuno ponerlo al alcance de los médicos cubanos.

Se confió a Romay la tarea de decidir si se publicaba o no en La Habana la traducción de una obra sobre el tema publicada originalmente en Francia y la de dirigir la operación de provocar la erupción de la viruela por vía artificial. Recibió virus vaccinal, que aplicó sin éxito, y no logró encontrarlo cuando la Sociedad le encomendó que lo buscase él mismo.

Llega el virus

Así, el 10 de febrero de 1804 arribaba a La Habana María Bustamante. Procedía de Aguadilla, en Puerto Rico, y el día anterior a su salida había hecho vacunar a un único hijo, de diez años de edad, y a sus dos criaditas, de seis y ocho años. Cuatro o cinco días después de la vacunación se formó un grano vaccino en cada uno de los vacunados, que no sintieron molestia ni incomodidad alguna. Al entrar al puerto habanero todos los granos estaban en perfecta supuración.

Una mujer que visitó a la Bustamante se presentó en la residencia de Romay en compañía del menor de sus dos hijos y la mayor de las criaditas vacunadas. Sin perder tiempo Romay tomó pus del grano de la muchachita y de inmediato vacunó al hijo de su visitante y a sus propios dos hijos mayores. Lo visitó el niño vacunado en Aguadilla y de su gano extrajo un pus líquido y transparente con el que vacunó a otros cinco infantes y a dos criados, mientras que con el pus de la menor de las criaditas inmunizó a cuatro criados y a una niña; los vacunados fueron cuarenta y dos personas en total, desde el menor de sus hijos, de 29 días de nacido, hasta personas mayores de 40 años.

El 26 de mayo de 1804 llegaba a La Habana la expedición dirigida por Francisco Xavier de Balmis que recorría los dominios españoles con el objetivo de llevarles la vacuna. Aquí el jefe del grupo quedó gratamente impresionado con el trabajo de Romay y lo calificó de «sabio» en el documento en el que relató al monarca español los pormenores de su empresa. Propuso Balmis asimismo que se crease aquí una Junta Central de Vacunas, que designó a Romay su secretario ejecutivo, cargo que el médico cubano mantuvo durante 30 años en los que dio muestras de su constancia sorprendente y su celo inusitado.

El médico número 33

Nació Tomás Romay y Chacón en la calle Empedrado entre Compostela y Habana, y fue el mayor de 18 hermanos. Un tío sacerdote lo embulla para que matricule en el Seminario de San Carlos y obtiene allí el título de Bachiller en Artes. Quiere el tío que estudie Medicina, pero la vida parece llevarlo por otro rumbo. Se siente el joven atraído por las Humanidades e inicia estudios de Derecho, matricula Filosofía y asume la cátedra de Texto Aristotélico, que le vale la licenciatura y el magisterio en Arte. Sigue al fin las recomendaciones del tío; obtiene su título ante el Protomedicato y gana los grados de licenciado y doctor. Es el médico número 33 que egresa de la Universidad de La Habana.

Alterna con lo más brillante de la intelectualidad de su época y son notables sus tertulias y representaciones teatrales que auspicia en su casa, en las que, bajo su dirección, actúan sus hijos —tiene siete—. Luz y Caballero es uno de sus yernos. No olvida su afición por las letras y escribe crónicas, versos y relatos, pero su labor como escritor es secundaria. Su estilo, dicen los que lo han leído, es confuso y ampuloso, lleno de un vacuo retoricismo. Sin embargo, ningún escritor en su tiempo fue más celebrado que Romay. Influía sin duda en ello la estimación de que gozaba el buen doctor, por sus cualidades de carácter y sus servicios eminentes a la sociedad. Otra cosa es su literatura científica. No faltan los que consideran a su Disertación sobre la fiebre amarilla llamada vulgarmente vómito negro como el primer trabajo notable de la bibliografía médica cubana. De mucha cuenta es además su Memoria sobre los cementerios fuera del poblado.

Escribe José López Sánchez, uno de sus biógrafos:
«No alimentó la menor sombra de un interés mercantilista. En los postreros años de su vida, cuando las necesidades económicas lo apremiaban, recabó del Ayuntamiento el pago de lo que le adeudaban y el propio Cabildo se llenó de admiración por la paciencia que había mostrado, permaneciendo cinco años sin percibir su remuneración y sin haber hecho, como otros profesores, reclamación alguna sobre ella».
Tomás Romay, introductor de la vacunación en Cuba, murió en La Habana el 30 de marzo de 1849, a los 85 años de edad. En 1858 uno de sus hijos publicó una edición de sus textos. Sus Obras Completas aparecieron en 1964, en ocasión del bicentenario de su natalicio, compiladas por el investigador César Rodríguez Expósito.

El Ayuntamiento de La Habana colocó en la casa natal del eminente médico una tarja que dice:

¡Honra y prez a la Medicina española!
En esta casa nació el día 21 de diciembre de 1764
El Dr. Tomás Romay y Chacón,

Sabio médico y escritor insigne, a quien la isla de Cuba
Debe entre otros grandes beneficios
El de la introducción y propagación de la vacuna
El Ayuntamiento de La Habana
Acordó consagrar este recuerdo a su memoria
El día 12 de agosto de 1887, Bajo los auspicios del Excmo. Sr. Gobernador Y Capitán General D. Sabás Marín

Juventud Rebelde

Cómo nos hizo más inteligentes aprender a cocinar

«Toda acción, todo movimiento es impulsado por la energía. Nada puede suceder sin energía».
«Hasta para soñar de noche se requiere energía», dice Jeffrey West, que es físico en el Instituto Santa Fe en Estados Unidos.
Y lo que hace especiales a los humanos es cómo hemos logrado aprovechar fuentes de energía cada vez más poderosas. Sigue leyendo «Cómo nos hizo más inteligentes aprender a cocinar»

La peste negra se originó en el corazón de Asia

La mayor pandemia de nuestra historia, la peste que asoló Europa en la Edad Media, comenzó sobre el año 1338 en el actual Kirguistán. Así lo revela un análisis de ADN antiguo extraído de personas que murieron por esta enfermedad, junto a los datos históricos y arqueológicos.

La peste bubónica, causada por la bacteria Yersinia pestis, entró en 1347 por el Mediterráneo a través de barcos mercantes procedentes del Mar Negro. Enseguida la enfermedad se diseminó por Europa, Oriente Medio y el norte de África, acabando con la vida de millones de personas, hasta el 60 % de la población en algunas regiones. Este brote a gran escala duró entre los años 1346 y 1353 y fue bautizado como la peste negra.

Fue la primera gran ola de varias que vendrían después, ya menos devastadoras, hasta el siglo XIX, y que en conjunto se llaman la Segunda Pandemia de Peste. La Primera Pandemia de Peste o Plaga de Justiniano había ocurrido casi 800 años antes en el Imperio bizantino.

Usando ADN antiguo de personas fallecidas por la peste negra y enterradas en cementerios de Kirguistán, se ha encontrado la cepa bacteriana que dio origen a esta pandemia e incluso una fecha de inicio: 1338

A pesar de las enormes repercusiones demográficas y sociales que tuvo la peste negra, sus orígenes y, por tanto, el de la Segunda Pandemia de Peste, han sido objeto de debate prácticamente desde que hizo su aparición: un misterio de 675 años de antigüedad que ahora parece haberse resuelto.

Un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y de la Universidad de Tubinga (ambos en Alemania), la Universidad de Stirling (Reino Unido) y otros centros europeos han obtenido y estudiado antiguos genomas de Yersinia pestis que sitúan los orígenes de la peste negra en el norte de Kirguistán, un país montañoso de Asia central. Los resultados se publican esta semana en la revista Nature.

Hasta ahora una de las teorías más populares apuntaba hacia China como el foco inicial de la que se considera la mayor pandemia de la historia de la humanidad. Sin embargo, los únicos hallazgos arqueológicos disponibles procedían de necrópolis o cementerios cercanos al lago Issyk Kul, en Kirguistán.

Esos restos demuestran que una epidemia devastó una comunidad comercial local en los años 1338 y 1339. Excavaciones realizadas a finales de la década de 1880 sacaron a la luz lápidas que indican que numerosos individuos murieron en esos dos años a causa de una epidemia o ‘pestilencia’ desconocida, una pista que siguieron los autores del estudio.

Rastro de la peste en lápidas y dientes

El equipo revisó los datos históricos y arqueológicos de dos necrópolis (Kara-Djigach y Burana) donde había inscripciones sobre esa ‘pestilencia’ y analizó el ADN antiguo de siete individuos enterrados allí. Así identificaron ADN de la bacteria de la peste en tres muestras dentales correspondientes a personas fallecidas en 1338 o 1339. “Por fin pudimos demostrar que la epidemia mencionada en las lápidas fue efectivamente causada por la peste”, subraya uno de los autores, Phil Slavin, de la Universidad de Stirling.

En busca del cuándo y la cepa original

¿Pero cómo saber si lo que se había encontrado era la cepa original? La comunidad científica ya había asociado el inicio de esta pandemia con un evento de diversificación masiva de sus variantes, el llamado ‘Big Bang’ de la diversidad de la peste, que ocurrió en algún momento indeterminado entre los siglos X y XIV.

Para resolver la cuestión, los autores usaron genomas completos antiguos de Y. pestis procedentes de los dos yacimientos estudiados e investigaron su relación con lo que ya se sabía del este particular Big Bang. “Así descubrimos que las cepas antiguas de Kirguistán se sitúan exactamente en el nudo de este evento de diversificación masiva. En otras palabras, hemos encontrado la cepa origen de la peste negra e incluso conocemos su fecha exacta [1338]”, afirma la primera autora, Maria Spyrou, de la Universidad de Tubinga.

Confirmar dónde apareció por primera vez

Pero entonces surgió otra pregunta: ¿de dónde procede esta cepa?, ¿evolucionó localmente o se extendió a esa región desde otro lugar? En principio la peste no es una enfermedad de los humanos. La bacteria sobrevive en poblaciones de roedores salvajes de todo el mundo, que actúan como sus reservorios. La cepa de Asia central que causó la epidemia de 1338-1339 cerca del lago Issyk Kul debía proceder de uno de estos reservorios.

“Descubrimos que las variantes modernas más estrechamente relacionadas con esa cepa se encuentran hoy en día en los reservorios de peste alrededor de las montañas Tian Shan, muy cerca de donde se encontró esa antigua cepa. Esto apunta a un origen del ancestro de la peste negra en Asia central”, recalca otro de los autores principales, Johannes Krause, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

Al igual que la COVID, la peste negra fue una enfermedad emergente, y el inicio de una enorme pandemia que se prolongó durante unos 500 años, Johannes Krause (Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva)

En cualquier caso, “este estudio pone fin a uno de los mayores y más fascinantes interrogantes de la historia, y determina cuándo y dónde comenzó el más infame asesino de seres humanos”, concluye Slavin. Según los investigadores, su trabajo demuestra cómo la estrecha colaboración

SINC

Referencia:
Maria A. Spyrou et al. “The source of the Black Death in 14th-century central Eurasia”. Nature, 2022

Los humanos modernos no entraron en Europa cruzando el mar

Investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), participan en un artículo publicado en la revista PALAEO3 en el que analizan la posible salida de África a través de los estrechos de Gibraltar, Sicilia y Bab-al-Mandab usando un modelo computacional. Sigue leyendo «Los humanos modernos no entraron en Europa cruzando el mar»

Así influyó el clima del pasado en la distribución de las especies humanas sobre la Tierra

Un nuevo estudio muestra que las perturbaciones climáticas tuvieron un gran impacto en la distribución y diversificación de las especies de homininos en el Pleistoceno. La sequía extrema en el sur de África y en Eurasia contribuyó a la transición evolutiva de las poblaciones de H. heidelbergensis en H. sapiens y neandertales.

La distribución de las especies de homininos a lo largo de los últimos dos millones de años estuvo muy influida por los cambios en el clima de la Tierra, según revela un estudio publicado en la revista Nature.
https://www.nature.com/articles/s41586-022-04600-9

El trabajo, liderado por Axel Timmermann, director del Centro de Física del Clima del Instituto de Ciencias Básicas

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en Corea del Sur, aporta importantes conclusiones sobre la historia de la evolución humana.

La Tierra gira alrededor del Sol en una elipse cuya forma cambia en periodos de entre 100 000 y 400 000 años. Además, el eje de la Tierra no solo modifica ligeramente su inclinación, sino que también se tambalea con un período de 20 000 años.

Estos fenómenos, llamados los llamados ciclos de Milankovitch, determinan la cantidad de radiación solar que recibe cada lugar de nuestro planeta en una latitud y un momento determinados, y provocan que se vayan alternando ciclos cálidos con otros fríos, y ciclos húmedos con otros secos. A su vez, los cambios en el clima influyen en la disponibilidad de alimento, que está ligada a la supervivencia humana y da lugar a migraciones.

La investigación explica por qué algunas especies humanas del Pleistoceno se convirtieron en errantes y comenzaron a conquistar distintos hábitats.
“Al combinar la simulación de un modelo climático realista con una extensa base de datos fósiles y arqueológicos, demostramos con una alta confianza estadística que el cambio climático del pasado determinó dónde vivían los antiguos humanos, dónde se solapaban en sus hábitats y cómo estos y sus preferencias alimentarias cambiaron con el tiempo debido a la adaptación”, explica Timmermann.

La investigación también describe cómo algunas especies humanas de mediados del Pleistoceno se convirtieron en migrantes y comenzaron a conquistar distintos hábitats.

Condiciones climáticas adversas

El estudio muestra que los cambios en los parámetros climáticos que controlan la disponibilidad de recursos alimentarios, como la temperatura, las precipitaciones y la producción primaria neta terrestre —una medida de la cantidad neta de carbono capturada por las plantas cada año—, tuvieron un gran impacto en la distribución, dispersión y diversificación de los homininos.
En concreto, el trabajo se centra en la especiación entre el Homo heidelbergensis euroasiático y los neandertales hace 400 000 años y el Homo heidelbergensis del sur de África y el Homo sapiens hace entre 300 000 y 200 000 años.

En aquel momento, las perturbaciones climáticas masivas (como las sequías en el sur de África) redujeron el tamaño de las poblaciones, lo que pudo provocar una disminución del acervo genético. Este es el catálogo de alelos —formas que pueden adoptar los genes— presentes en todos los miembros de una población, y determina su capacidad para adaptarse a circunstancias y sobrevivir. Como consecuencia, solo los subgrupos genéticamente más adaptados al entorno sobrevivirían.

Las perturbaciones climáticas redujeron el tamaño de las poblaciones, lo que pudo haber provocado una disminución en el acervo genético

“Las condiciones climáticas duras y persistentes pueden crear una presión de selección y una deriva genética que, a su vez, puede conducir a eventos de especiación y a una transición gradual de una especie a otra”, explica el investigador.

Los autores indican que las condiciones de sequía extrema en el sur de África y en Eurasia hace 300 000 y 400 000 años contribuyeron a la transformación evolutiva de las poblaciones de H. heidelbergensis en H. sapiens y neandertales, respectivamente.

Migración, encefalización y adaptación

Durante el Pleistoceno temprano, los homininos se asentaron en entornos con escasa variabilidad climática. Sin embargo, hacia el final de esta era, se convirtieron en errantes y se adaptaron a una amplia gama de condiciones climáticas.
“Esto condujo a una gran expansión de sus hábitats, desde las regiones semiáridas hasta las primeras regiones boreales”, indica el experto. La adaptación a nuevos ambientes fue posible gracias a un incremento en el tamaño del cerebro, herramientas de piedra más sofisticadas y la habilidad de controlar el fuego.
Los neandertales fueron una excepción, ya que permanecieron en un rango climático muy limitado durante toda su existencia como especie. En cambio, H. sapiens fue capaz de adaptarse (mediante la encefalización y las habilidades cognitivas y sociales) a entornos extremos, desde los desiertos tropicales hasta los árticos.
De esta manera, los autores proponen que la migración, la encefalización y la adaptación son tres procesos que se retroalimentan y que están detrás de la evolución de nuestra especie.
“La migración a nuevos entornos climáticos puede suponer un reto para la supervivencia humana. Esta presión puede llevar a una selección de grupos con mejores habilidades cognitivas o sociales, que a su vez tendrán una mayor ventaja para expandirse aún más en su rango geográfico y hábitat. Por lo tanto, una mejor adaptación climática conducirá a la ampliación del hábitat, lo que puede promover aún más dicha adaptación”, concluye Timmermann.
Fuente: SINC

https://www.agenciasinc.es/Noticias/Asi-influyo-el-clima-del-pasado-en-la-distribucion-de-las-especies-humanas-sobre-la-Tierra

Referencia:
Timmermann et al. (2022) “Climate effects on archaic human habitats and species successions”. Nature
https://www.nature.com/articles/s41586-022-04600-9