Transcurre el tercer sábado de marzo en La Habana y en el Paseo del Prado está por comenzar un singular evento deportivo signado además por un marcado carácter humanitario: me refiero a la edición número doce del Maratón de la Esperanza Terry Fox. 
Congregado hacia ambos lados de la sala polivalente Kid Chocolate, donde habitualmente parten los corredores, un numeroso público no quiere perder un detalle de la carrera, cuyas donaciones están destinadas a las investigaciones contra el cáncer. En la ocasión y, por primera vez, asisten los padres y la hermana de Terry.Â
Betty, su mamá, resalta el fabuloso trabajo realizado por los organizadores en estos años y al propio tiempo agradeció las muestras de apoyo del pueblo cubano y elogió el alto nivel de participación que ha tomado el certamen desde 1998 cuando se hizo el primero.
La prestigiosa emisora que marcha junto al tiempo, Radio Reloj, anuncia las diez de la mañana y simultáneamente se escucha el disparo de arrancada ejecutado por Rolland, el padre de Terry, acompañado por Javier Sotomayor, nuestro multilaureado atleta del salto de altura…
Como hasta ahora, intervienen corredores de todas las edades en la bien denominada fiesta por la vida, en la cual no se compite por llegar cuanto antes a la meta, sino por ejercitar la mente y el cuerpo. Carlos Gattorno, su director técnico, anuncia que salieron más de tres mil participantes y comenta que luego se incorporarán muchos más. Asà es, efectivamente, el encuentro.
A las diez y veintidós minutos arriban los primeros: en patines, en sillas de ruedas, caminando, corriendo; es un espectáculo que ya posee un rango memorable: distinguido por la dedicación y el alto espÃritu de sus protagonistas. Entre ellos, Rolland, que exhibe un pulover negro con el rostro del joven canadiense.
Ocho minutos después prosiguen llegando personas apoyados incluso en bastones a los que se suman invidentes con sus respectivos acompañantes.Â
Culmina la prueba y la mamá de Terry firma numerosos objetos (gorras, pulovers, postales, etc.) de una apreciable cantidad de cubanos admiradores de su hijo.Â
Ella, en sensatas palabras, convocó antes a mantener vivo el sueño de Terry; no tengo dudas de que ese maravilloso ejemplo redobló fuerzas hoy en los 169 municipios del archipiélago cubano y mantendrá su vigencia en el futuro.