{"id":9755,"date":"2019-10-11T13:33:18","date_gmt":"2019-10-11T13:33:18","guid":{"rendered":"http:\/\/contenidosportal.sld.cu\/portal20142020\/?p=4391"},"modified":"2019-10-11T13:33:18","modified_gmt":"2019-10-11T13:33:18","slug":"cespedes-el-libertador-con-tantas-grandezas-y-pesares-que-nos-encantan-y-asustan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/portal20142020\/2019\/10\/11\/cespedes-el-libertador-con-tantas-grandezas-y-pesares-que-nos-encantan-y-asustan\/","title":{"rendered":"C\u00e9spedes: El Libertador con tantas grandezas y pesares que nos encantan y asustan"},"content":{"rendered":"<div class=\"imagen-node-pie\">\n\t\t\t\t\t\t<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"imagefield imagefield-field_imagen\" alt=\"\" src=\"http:\/\/contenidosportal.sld.cu\/files2014-2020\/imagen\/17\/cespedes-granma.jpg\" width=\"242\" height=\"305\"><\/div>\n<div class=\"item-node\">\n<p><strong><em>Por: Dr.C. Wilkie Delgado Correa<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El tiempo pasa y con &eacute;l la historia se enriquece. El hoy se convierte lentamente en pasado y &eacute;ste, no importa los d&iacute;as, a&ntilde;os y siglos transcurridos, en un minuto dado renace y resurge para servir de sustento al g&eacute;nero humano y de memoria a su historia.<\/p>\n<p>Se ha cumplido el bicentenario de su nacimiento, el 18 de abril de 1819, y el 145 aniversario de su muerte en combate.<\/p>\n<p>Este personaje con tan solo 23 a&ntilde;os confesaba en versos que todo para &eacute;l era fuego, que aspiraba a vencer por la victoria y que la lucha era para &eacute;l la gloria. Que quer&iacute;a ser ap&oacute;stol de una nueva doctrina y a su pueblo quer&iacute;a despertar dormido y ponerlo en la senda con presteza de la virtud, de la ciencia y la riqueza. Pero antes, para alcanzar esa meta deb&iacute;a liberarlo de las cadenas que lo esclavizaban.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a madera de libertadores; en su ser se anidaban un coraz&oacute;n con latidos de h&eacute;roe, seg&uacute;n dijo un contempor&aacute;neo. Y un poeta dijo que era gallardo de apostura, de frente ancha, ojos inquietos, que lanzan miradas de &aacute;guila que penetran hasta en los abismos del coraz&oacute;n. Cuando se dirige al pueblo toma las formas de un Briareo, elev&aacute;ndose sobre la multitud. &nbsp;Uno de sus seguidores expres&oacute; que era un hombre impert&eacute;rrito; ning&uacute;n peligro le alteraba el semblante. No se quejaba de sus dolores f&iacute;sicos ni morales. Siempre ten&iacute;a fe ciega en el triunfo de la libertad contra la tiran&iacute;a.<\/p>\n<p>Con tales naturaleza y caracter&iacute;sticas personales, se explica que dos meses antes de iniciar su levantamiento armado expresara en el seno de los conspiradores que el poder de Espa&ntilde;a estaba caduco y carcomido, que, si a&uacute;n les parec&iacute;a fuerte y grande, era porque hac&iacute;a m&aacute;s de tres siglos que lo contemplaban de rodillas. Y los convocaba a levantarse frente a aquel imperio.<\/p>\n<p>Fue as&iacute; que cuando lleg&oacute; el momento de desatar y encabezar la insurrecci&oacute;n armada que hubo de adelantarse por las circunstancias de la orden de arresto contra &eacute;l y otros revolucionarios, no titube&oacute; en declarar el inicio de la lucha contra Espa&ntilde;a en su ingenio La Demajagua, el 10 de octubre de 1868. En el Juramento ante la tropa reunida aquel d&iacute;a, pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;Jur&aacute;is vengar los agravios de laq patria? &iquest;Jur&aacute;is perecer en la contienda antes que retroceder en la demanda?&rdquo; Ante las respuestas afirmativas de sus seguidores, les recalc&oacute;: &ldquo;Yo por mi parte, juro que os acompa&ntilde;ar&eacute; hasta el fin de mi vida, y que, si tengo la gloria de sucumbir antes que vosotros, saldr&eacute; de la tumba para recordaros a vuestros deberes patrios y el odio que todos debemos al gobierno espa&ntilde;ol. Venganza, pues, y confiemos en que el cielo proteger&aacute; nuestra causa.&rdquo;<\/p>\n<p>Otro 10 de octubre de 1883, Jos&eacute; Mart&iacute;, tambi&eacute;n continuador de la lucha por la independencia, valoraba aquel acto heroico de la manera siguiente: &ldquo;Es preciso haberse echado alguna vez un pueblo a los hombros, para saber cual fue la fortaleza del que, sin m&aacute;s armas que un bast&oacute;n de carey con pu&ntilde;o de oro, decidi&oacute;, cara a cara de una naci&oacute;n implacable, quitarle para la libertad su posesi&oacute;n m&aacute;s infeliz, como quien quita a un tigre su &uacute;ltimo cachorro.&rdquo;<\/p>\n<p>Despu&eacute;s del inicio de la guerra de independencia que durar&iacute;a diez largos a&ntilde;os, C&eacute;spedes y la revoluci&oacute;n en marcha alcanzaron victorias significativas como la toma de la ciudad de Bayamo y otros muchos triunfos en el pa&iacute;s, y tambi&eacute;n derrotas y descalabros. Momentos fundacionales del pa&iacute;s y gloriosos de su l&iacute;der ocurrieron en abril de 1869 con la creaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica de Cuba, la instauraci&oacute;n del poder civil con la C&aacute;mara de Representantes y .la designaci&oacute;n de Carlos Manuel de C&eacute;spedes como Presidente de la Rep&uacute;blica y otras decisiones. En su alocuci&oacute;n al pueblo cubano expres&oacute; ideas que lo enaltecen en lo personal y a su causa. Al final de la misma dijo a los cubanos: &ldquo;Con vuestro hero&iacute;smo cuento para consumar la independencia. Con vuestra virtud para consolidar la rep&uacute;blica. Contad vosotros con mi abnegaci&oacute;n.&rdquo;<\/p>\n<p>Las heroicidades fueron tantas que se puede hablar de una epopeya contra un ej&eacute;rcito superior, y los triunfos fueron muchos durante los combates desiguales de aquellos a&ntilde;os. La gloria del h&eacute;roe resplandec&iacute;a, pero rencillas internas contra &eacute;l debilitaban el vigor de la revoluci&oacute;n y llenaban de pesares la existencia del gobernante. En este lapso fue apresado su hijo menor del primer matrimonio y fue fusilado por los espa&ntilde;oles.<\/p>\n<p>Su segunda esposa, Ana, perdi&oacute; a su peque&ntilde;o hijito por los rigores sufridos en la manigua, y despu&eacute;s fue enviada al extranjero, donde nacieron sus hijos mellizos, var&oacute;n y hembra. &nbsp;<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la muerte de su primera esposa, que ocurri&oacute; antes del alzamiento del 10 de octubre, C&eacute;spedes tuvo amor&iacute;os con una moza a la que llamaba Cambula, y quien fuera la que cosiera la bandera que portar&iacute;an los combatientes de la insurrecci&oacute;n. Tuvo con ella una hija nacida en Cuba y un hijo nacido en Jamaica.<\/p>\n<p>La situaci&oacute;n familiar y los pesares se acumulaban y le llevaron a expresar en un momento determinado que &quot;&iexcl;La familia me hace desgraciado!&quot;<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n se acumulaban los pesares por las enfermedades diversas que padec&iacute;a, los asuntos diversos de un gobierno que carec&iacute;a de los recursos indispensables para ponerlos a la disposici&oacute;n de la guerra, y, a la vez, tener que enfrentar el mal mayor que eran las intrigas y desuni&oacute;n que se propalaba en el interior de pa&iacute;s y se propagaba en el exterior.<\/p>\n<p>Ante estas disyuntivas diversas, el h&eacute;roe con car&aacute;cter de acero, sufr&iacute;a en la intimidad y en cartas y en sus diarios confesaba sus cuitas, aumentadas por la soledad y necesidad del consuelo de sus amores, representados por mujeres e hijos.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s lo m&aacute;s representativos de estos estados de &aacute;nimo y de pesares que her&iacute;an su alma sensible, son sus apuntes en su diario, el lunes 9 de septiembre (1872). Hoy hace un a&ntilde;o que no veo a Cambula ni a mi hijita. En todo este tiempo me he hallado como solo en el mundo, como si hubieran muerto todas las personas que me profesaban y a quienes yo profesaba un verdadero cari&ntilde;o. Desde ese d&iacute;a he gozado solo todas mis alegr&iacute;as y solo he sufrido todos mis pesares. Ni una l&aacute;grima secreta para mezclarla con el raudal de mis ojos en las noches de insomnio y aflicci&oacute;n: ni una sonrisa cordial en un rostro entristecido para saludar mis venturas; ni una mano blanda y amorosa para enjugar el sudor de mi frente en las horas de c&aacute;liz o de enfermedad; ni una voz simp&aacute;tica y suave para consolarme en mis adversidades, o en las injusticias de los hombres; todo esto se acab&oacute; para m&iacute; y tal vez nunca m&aacute;s volver&aacute; a ser. &iquest;Y la falta de la vista de mi hijita; sus gracias infantiles; el afecto que ya sab&iacute;a demostrarme: el gusto que yo sent&iacute;a en velar por ella, en descubrir los g&eacute;rmenes de los buenos y elevados sentimientos en su tierno coraz&oacute;n? De todo no queda m&aacute;s que un amargo recuerdo, recuerdo que evoca todas las grandes amarguras de mi alma. &iquest;Y el porvenir? &iexcl;El porvenir se me presenta sombr&iacute;o! Yo expirando, abandonado en la roca de Prometeo; mi honor mancillado; mi patria pobre y esclava; mis hijos con el sombrero del pordiosero en la mano, o en los cub&iacute;culos de la prostituci&oacute;n! &iexcl;G&hellip;A&hellip;D&hellip;M&hellip;!&nbsp; Aparta de mi vista ese horroroso cuadro: no castigues tan cruelmente mis culpas: mira tan s&oacute;lo a la pureza de mis intenciones. &iexcl;Extiende tu mano poderosa sobre esos d&eacute;biles seres! (&hellip;) Llovi&oacute;.&rdquo;<\/p>\n<p>No obstante estos juicios, el h&eacute;roe sigui&oacute; impert&eacute;rrito enfrentado siempre a su destino, hasta que el 27 de octubre de 1873 fuera depuesto de la presidencia por la C&aacute;mara de representantes. Y luego sigui&oacute; su peregrinaje por las monta&ntilde;as orientales, hasta llegar finalmente al caser&iacute;o de San Lorenzo y all&iacute; ocurriera el desenlace mortal el d&iacute;a 27 de febrero de 1874 en un combate solitario frente a una tropa espa&ntilde;ola.<\/p>\n<p>En los d&iacute;as finales, viviendo en condiciones miserables, el hombre &iacute;ntegro jam&aacute;s dio muestra de arrepentimiento. El hombre rico hab&iacute;a sacrificado y entregado ante el altar de su patria toda su riqueza, en dinero y propiedades, No resulta extra&ntilde;o, pues, que al final de su vida, hall&aacute;ndose m&aacute;s solitario que nunca, encontrase unas horas de sosiego y cari&ntilde;o en los brazos de Panchita, una humilde mujer del caser&iacute;o, que despu&eacute;s de su muerte, le trajera al mundo a su hijo p&oacute;stumo.<\/p>\n<p>Su muerte en un punto inh&oacute;spito de la Sierra Maestra result&oacute; coherente con las ideas que expusiera en cartas a su esposa Ana, entonces en Nueva York, &ldquo;Mis privaciones, mis luchas, mis suplicios, mis victorias sobre las pasiones (&hellip;), y la corona del martirio me aguarda indudablemente en los campos de Cuba, ya que no la del triunfo en el Capitolio.&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;&hellip;tu recuerdo est&aacute; siempre vivo en mi memoria y me enajena a veces la ilusi&oacute;n de que alg&uacute;n d&iacute;a pueda volver a oprimirte en mi seno. Pero si esa dicha ha de lograrse saliendo yo de Cuba, ay, amor m&iacute;o, que muera yo sin probarla&hellip;&rdquo; &nbsp;<\/p>\n<p>Como conclusi&oacute;n solo se debe afirmar que fue un hombre consecuente en palabras y actos, siempre supo luchar frente al destino y estaba convencido, seg&uacute;n sentenciara, de que las empresas de los hombres ser&iacute;an vanas e ineficaces, si no la sostuviese un esp&iacute;ritu de perseverancia. Consideraba que esto era una prueba, una vez m&aacute;s, que la idea no muere y que esos hombres, representantes de las ideas, la har&aacute;n brillar a los ojos de todos los hermanos hasta desde las cumbres del G&oacute;lgota.<\/p>\n<p>Este hombre convertido en h&eacute;roe y libertador y que vivi&oacute; instantes de pesares infinitos, para los cubanos tiene el t&iacute;tulo merecido que refleja su grandeza imperecedera: Padre de la Patria.<\/p>\n<p>Edici&oacute;n: <a href=\"http:\/\/www.sld.cu\/contact\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">MSc. Dra. Patricia Alonso Galb&aacute;n<\/a><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Dr.C. Wilkie Delgado Correa El tiempo pasa y con &eacute;l la historia se enriquece. El hoy se convierte lentamente en pasado y &eacute;ste, no importa los d&iacute;as, a&ntilde;os y siglos transcurridos, en un minuto dado renace y resurge para servir de sustento al g&eacute;nero humano y de memoria a su historia. 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