{"id":12343,"date":"2018-07-26T05:00:30","date_gmt":"2018-07-26T05:00:30","guid":{"rendered":"http:\/\/contenidosportal.sld.cu\/portal20142020\/?p=3308"},"modified":"2018-07-26T05:00:30","modified_gmt":"2018-07-26T05:00:30","slug":"fidel-la-historia-real-de-por-que-el-asalto-al-cuartel-moncada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/portal20142020\/2018\/07\/26\/fidel-la-historia-real-de-por-que-el-asalto-al-cuartel-moncada\/","title":{"rendered":"Fidel: La historia real de por qu\u00e9 el asalto al Cuartel Moncada"},"content":{"rendered":"<div class=\"item-node\">\n<p>Corr&iacute;an los d&iacute;as iniciales del a&ntilde;o 1952 y el pueblo avizoraba las pr&oacute;ximas elecciones con el triunfo seguro de una nueva fuerza pol&iacute;tica para hacer realidad el lema <em>&ldquo;Verg&uuml;enza contra dinero&rdquo;&nbsp; <\/em>del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo<em>. <\/em>En esas circunstancias se produjo, el 10 de marzo, el golpe de estado en que participaron militares y civiles encabezados por Batista, con trayectoria anterior de traici&oacute;n, &iacute;nfulas de poder y gobierno dictatorial.<\/p>\n<p>\nEn ese escenario de ruptura constitucional e institucional, de luto pol&iacute;tico nacional, de traici&oacute;n sorpresiva y de resistencia pac&iacute;fica nula, emergi&oacute; la figura de Fidel Castro, capaz de apelar primero a la denuncia y acusaci&oacute;n de aquel acto criminal, y luego, casi inmediatamente,&nbsp; dispuesto a organizar y ejecutar la acci&oacute;n de la resistencia popular frente al r&eacute;gimen usurpador que se hab&iacute;a entronizado en la Rep&uacute;blica de Cuba..<\/p>\n<p>Fue as&iacute; como Fidel lider&oacute; el asalto al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, que sent&oacute; las bases, a partir del enjuiciamiento del grupo revolucionario por tal hecho, de una &eacute;poca marcada por la v&iacute;a insurreccional para derrotar a aquel r&eacute;gimen tir&aacute;nico.<\/p>\n<p>A 65 a&ntilde;os de aquel hecho que represent&oacute; la rebeld&iacute;a nacional, &nbsp;y un homenaje singular a Jos&eacute; Mart&iacute;, autor intelectual del movimiento armado, en el centenario de su natalicio, nadie mejor que Fidel para relatarnos el cuento real de la historia pol&iacute;tica y judicial en el que todos los porqu&eacute;s de esta historia fueron develados, y en el que el acusado principal por el ataque, dej&oacute; constancia en su alegato de defensa titulado luego como <em>&ldquo;La historia me absolver&aacute;&rdquo;<\/em>. He aqu&iacute; el cuento seg&uacute;n lo relatara Fidel:<\/p>\n<p>&ldquo;Si este juicio, como hab&eacute;is dicho, es el m&aacute;s importante que se ha ventilado ante un tribunal desde que se instaur&oacute; la Rep&uacute;blica, lo que yo diga aqu&iacute; quiz&aacute;s se pierda en la conjura de silencio que me ha querido imponer la dictadura, pero sobre lo que vosotros hag&aacute;is, la posteridad volver&aacute; muchas veces los ojos. Pensad que ahora est&aacute;is juzgando a un acusado, pero vosotros, a su vez, ser&eacute;is juzgados no una vez, sino muchas, cuantas veces el presente sea sometido a la cr&iacute;tica demoledora del futuro. Entonces lo que yo diga aqu&iacute; se repetir&aacute; muchas veces, no porque se haya escuchado de mi boca, sino porque el problema de la justicia es eterno, y por encima de las opiniones de los jurisconsultos y te&oacute;ricos, el pueblo tiene de ella un profundo sentido. (&hellip;) Sabe que la justicia se representa con una doncella, una balanza y una espada. Si la ve postrarse cobarde ante unos y blandir furiosamente el arma sobre otros, se la imaginar&aacute; entonces como una mujer prostituida esgrimiendo un pu&ntilde;al. Mi l&oacute;gica, es la l&oacute;gica sencilla del pueblo.<\/p>\n<p><strong>Os voy a referir una historia<\/strong>. Hab&iacute;a una vez una rep&uacute;blica. Ten&iacute;a su Constituci&oacute;n, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podr&iacute;a reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfac&iacute;a al pueblo, pero el pueblo pod&iacute;a cambiarlo y ya s&oacute;lo faltaban unos d&iacute;as para hacerlo. Exist&iacute;a una opini&oacute;n p&uacute;blica respetada y acatada y todos los problemas de inter&eacute;s colectivo eran discutidos libremente. Hab&iacute;a partidos pol&iacute;ticos, horas doctrinales de radio, programas pol&eacute;micos de televisi&oacute;n, actos p&uacute;blicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo hab&iacute;a sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y ten&iacute;a derecho a ello. Lo hab&iacute;an enga&ntilde;ado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Cre&iacute;a ciegamente que &eacute;ste no podr&iacute;a volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y viv&iacute;a engre&iacute;do de que ella ser&iacute;a respetada como cosa sagrada; sent&iacute;a una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrever&iacute;a a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democr&aacute;ticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo ve&iacute;a cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro.<\/p>\n<p>&iexcl;Pobre pueblo! Una ma&ntilde;ana la ciudadan&iacute;a se despert&oacute; estremecida; a las sombras de la noche los espectros del pasado se hab&iacute;an conjurado mientras ella dorm&iacute;a, y ahora la ten&iacute;an agarrada por las manos, por los pies y por el cuello. Aquellas garras eran conocidas, aquellas fauces, aquellas guada&ntilde;as de muerte, aquellas botas&#8230; <strong>No; no era una pesadilla; se trataba de la triste y terrible realidad: un hombre llamado Fulgencio Batista acababa de cometer el horrible crimen que nadie esperaba.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ocurri&oacute; entonces que un humilde ciudadano de aquel pueblo, <\/strong>que quer&iacute;a creer en las leyes de la Rep&uacute;blica y en la integridad de sus magistrados a quienes hab&iacute;a visto ensa&ntilde;arse muchas veces contra los infelices, <strong>busc&oacute; un C&oacute;digo de Defensa Social para ver qu&eacute; castigos prescrib&iacute;a la sociedad para el autor de semejante hecho y encontr&oacute; lo siguiente:<\/strong><\/p>\n<p>&quot;Incurrir&aacute; en una sanci&oacute;n de privaci&oacute;n de libertad de seis a diez a&ntilde;os el que ejecutare cualquier hecho encaminado directamente a cambiar en todo o en parte, por medio de la violencia, la Constituci&oacute;n del Estado o la forma de gobierno establecida.&quot;<\/p>\n<p>&quot;Se impondr&aacute; una sanci&oacute;n de privaci&oacute;n de libertad de tres a diez a&ntilde;os al autor de un hecho dirigido a promover un alzamiento de gentes armadas contra los Poderes Constitucionales del Estado. La sanci&oacute;n ser&aacute; de privaci&oacute;n de libertad de cinco a veinte a&ntilde;os si se llevare a efecto la insurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&quot;El que ejecutare un hecho con el fin determinado de impedir, en todo o en parte, aunque fuere temporalmente al Senado, a la c&aacute;mara de Representantes, a los Representantes, al Presidente de la Rep&uacute;blica o al Tribunal Supremo de Justicia, el ejercicio de sus funciones constitucionales, incurrir&aacute; en un sanci&oacute;n de privaci&oacute;n de libertad de seis a diez a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&quot;El que tratare de impedir o estorbar la celebraci&oacute;n de elecciones generales; [&#8230;] incurrir&aacute; en una sanci&oacute;n de privaci&oacute;n de libertad de cuatro a ocho a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&quot;El que introdujere, publicare, propagare o tratare de hacer cumplir en Cuba, despacho, orden o decreto que tienda [&#8230;] a provocar la inobservancia de las leyes vigentes, incurrir&aacute; en una sanci&oacute;n de privaci&oacute;n de libertad de dos a&ntilde;os a seis a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&quot;El que sin facultad legal para ello ni orden del Gobierno, tomare el mando de tropas, plazas, fortalezas, puestos militares, poblaciones o barcos o aeronaves de guerra incurrir&aacute; en una sanci&oacute;n de privaci&oacute;n de libertad de cinco a diez a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&quot;Igual sanci&oacute;n se impondr&aacute; al que usurpare el ejercicio de una funci&oacute;n atribuida por la Constituci&oacute;n como propia de alguno de los Poderes del Estado.<\/p>\n<p><strong>Sin decir una palabra a nadie, con el C&oacute;digo en una mano y los papeles en otra, el mencionado ciudadano se present&oacute; en el viejo caser&oacute;n de la capital donde funcionaba el tribunal competente, que estaba en la obligaci&oacute;n de promover causa y castigar a los responsables de aquel hecho, y present&oacute; un escrito denunciando los delitos y pidiendo para Fulgencio Batista y sus diecisiete c&oacute;mplices la sanci&oacute;n de ciento ocho a&ntilde;os de c&aacute;rcel como ordenaba imponerle el C&oacute;digo de Defensa Social con todas las agravantes de reincidencia, alevos&iacute;a y nocturnidad.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pasaron los d&iacute;as y pasaron los meses. &iexcl;Qu&eacute; decepci&oacute;n! El acusado no era molestado, se paseaba por la Rep&uacute;blica como un amo<\/strong>, lo llamaban honorable se&ntilde;or y general, quit&oacute; y puso magistrados, y nada menos que el d&iacute;a de la apertura de los tribunales se vio al reo sentado en el lugar de honor, entre los augustos y venerables patriarcas de nuestra justicia.<\/p>\n<p><strong>Pasaron otra vez los d&iacute;as y los meses. El pueblo se cans&oacute; de<\/strong> <strong>abusos y de burlas<\/strong>. <strong>&iexcl;Los pueblos se cansan! Vino la lucha,<\/strong> y entonces aquel hombre que estaba fuera de la ley, que hab&iacute;a ocupado el poder por la violencia, contra la voluntad del pueblo y agrediendo el orden legal, tortur&oacute;, asesin&oacute;, encarcel&oacute; y acus&oacute; ante los tribunales a los que hab&iacute;an ido a luchar por la ley y devolverle al pueblo su libertad.<\/p>\n<p><strong>Se&ntilde;ores magistrados: Yo soy aquel ciudadano humilde que un d&iacute;a present&oacute; in&uacute;tilmente ante los tribunales para pedirles que castigaran a los ambiciosos que violaron las leyes e hicieron trizas nuestras instituciones,<\/strong> <strong>y ahora, cuando es a m&iacute; a quien se acusa de querer derrocar este r&eacute;gimen ilegal y restablecer la Constituci&oacute;n leg&iacute;tima de la Rep&uacute;blica, se me tiene setenta y seis d&iacute;as incomunicado en una celda, sin hablar con nadie ni ver siquiera a mi hijo; se me conduce por la ciudad entre dos ametralladoras de tr&iacute;pode, se me traslada a este hospital para juzgarme secretamente con toda severidad y un fiscal con el C&oacute;digo en la mano, muy solemnemente, pide para m&iacute; veintis&eacute;is a&ntilde;os de c&aacute;rcel.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Me dir&eacute;is que aquella vez los magistrados de la Rep&uacute;blica no actuaron porque se lo imped&iacute;a la fuerza; entonces, confesadlo: esta vez tambi&eacute;n la fuerza os obligar&aacute; a condenarme. La primera no pudisteis castigar al culpable; la segunda, tendr&eacute;is que castigar al inocente. La doncella de la justicia, dos veces violada por la fuerza.&rdquo;<\/strong><\/p>\n<p><strong>Y efectivamente, Fidel fue sancionado a quince a&ntilde;os de prisi&oacute;n por protagonizar el mayor acto de rebeld&iacute;a en la &eacute;poca republicana.<\/strong><\/p>\n<p>Ha pasado el tiempo y 65 a&ntilde;os despu&eacute;s estos acontecimientos son carne de nuestra realidad pol&iacute;tica, social e hist&oacute;rica. Viven en la memoria colectiva del pueblo y deben perdurar en el futuro durante siglos, porque los pueblos en su forja y renovaci&oacute;n permanente tienen que salvar, para salvarse, &nbsp;el patrimonio heroico esencial de su historia nacional, como lo fueron los asaltos al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba y al Cuartel Carlos Manuel de C&eacute;spedes en Bayamo aquel glorioso d&iacute;a 26 de julio de 1953.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Corr&iacute;an los d&iacute;as iniciales del a&ntilde;o 1952 y el pueblo avizoraba las pr&oacute;ximas elecciones con el triunfo seguro de una nueva fuerza pol&iacute;tica para hacer realidad el lema &ldquo;Verg&uuml;enza contra dinero&rdquo;&nbsp; del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo. 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