{"id":11139,"date":"2015-04-03T14:27:32","date_gmt":"2015-04-03T14:27:32","guid":{"rendered":"http:\/\/contenidosportal.sld.cu\/portal20142020\/?p=399"},"modified":"2015-04-03T14:27:32","modified_gmt":"2015-04-03T14:27:32","slug":"construyendo-un-puente-de-larga-duracion-entre-cuba-y-los-eeuu-traves-de-la-cienc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/portal20142020\/2015\/04\/03\/construyendo-un-puente-de-larga-duracion-entre-cuba-y-los-eeuu-traves-de-la-cienc\/","title":{"rendered":"Construyendo un puente de larga duraci\u00f3n entre Cuba y los EEUU a trav\u00e9s de la Ciencia"},"content":{"rendered":"<div class=\"item-node\">\n<p>Por Sergio Jorge Pastrana*<br \/>\nPublicado en la revista norteamericana Science &amp; Diplomacy<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl 17 de diciembre de 2014, los presidentes de Cuba y los Estados Unidos, Ra&uacute;l Castro y Barack Obama, hicieron inesperados anuncios simult&aacute;neos que se distancian de una pol&iacute;tica que ha estado en vigor durante m&aacute;s de medio siglo. La declaraci&oacute;n de que ambos pa&iacute;ses restablecen relaciones diplom&aacute;ticas plenas, aunque ya es un hito hist&oacute;rico, a&uacute;n no se ha cumplido. Ambas administraciones han dicho que este proceso acaba de empezar y puede tomar tiempo. Esta es una oportunidad excepcional, pero s&oacute;lo si hay una visi&oacute;n nueva y audaz en ambos lados que permite que tenga &eacute;xito.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAunque es la primera vez en todos estos a&ntilde;os que ambos gobiernos han anunciado la intenci&oacute;n de renovar las relaciones diplom&aacute;ticas plenas, hubo intentos anteriores por ambas partes de establecer relaciones constructivas. Por desgracia, esos intentos siempre fueron descarrilados. A pesar de las malas relaciones diplom&aacute;ticas, instituciones cient&iacute;ficas de larga data de los Estados Unidos y de Cuba han encontrado maneras de trabajar juntas. El trabajo de los investigadores contribuye al avance del conocimiento en peque&ntilde;os pasos. Aunque el proceso cient&iacute;fico se ve limitado por elementos sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, la investigaci&oacute;n b&aacute;sica tiene un ritmo y escala propios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa colaboraci&oacute;n seria entre instituciones cient&iacute;ficas cubanas y de los Estados Unidos comenz&oacute; en la mitad del siglo XIX, sobre todo entre la Instituci&oacute;n Smithsonian (fundada en 1846), en Washington DC., y la secci&oacute;n de ciencia de la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s (fundada en 1793), as&iacute; como la Real Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales (fundada en 1861), ambos en La Habana. Otras instituciones de los dos pa&iacute;ses se involucraron en esta colaboraci&oacute;n durante las siguientes d&eacute;cadas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUn intercambio regular de cartas, documentos, publicaciones cient&iacute;ficas y muestras se produjo entre algunos de los fundadores de las instituciones cient&iacute;ficas cubanas y estadounidenses, siendo notable el acontecido entre Felipe Poey, en La Habana, y Joseph Henry y especialmente el naturalista Spencer Baird, segundo secretario del Instituto Smithsonian en Washington, DC. Su correspondencia, que abarca varias d&eacute;cadas, se mantiene en los archivos del Smithsonian y de la Academia de Ciencias de Cuba, junto con la de otros naturalistas que han seguido sus pasos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPoey, Henry y Baird son los antepasados de una tradici&oacute;n que contin&uacute;a hasta nuestros d&iacute;as, seg&uacute;n la cual cient&iacute;ficos de ambos pa&iacute;ses se esfuerzan por profundizar el conocimiento mediante el intercambio de ideas, experiencias y resultados. As&iacute;, cuando la Academia Nacional de Ciencias y la Academia Cubana fueron creadas en la d&eacute;cada de 1860, los lazos entre algunos de sus miembros fundadores ya era fuerte 1.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsta tradici&oacute;n continu&oacute; en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, las inversiones norteamericanas en Cuba desde el siglo XIX estuvieron pr&aacute;cticamente limitadas a grandes plantaciones e ingenios azucareros. Las instituciones cient&iacute;ficas, entre ellas la Academia Cubana, ten&iacute;an poco apoyo y un perfil social bajo. Cuba tambi&eacute;n se convirti&oacute; en un campo de pruebas para muchos productos industriales de los Estados Unidos, por lo que las tecnolog&iacute;as e innovaciones se abrieron camino desde temprano en el mercado cubano, pero ninguna investigaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo con la participaci&oacute;n de Cuba. La Habana se convirti&oacute; en muchos sentidos en la segunda ciudad m&aacute;s sofisticada del hemisferio norte despu&eacute;s de Nueva York, pero todo ese progreso no tuvo casi ning&uacute;n fondo local o vinculaci&oacute;n org&aacute;nica con el resto de la econom&iacute;a o la sociedad del pa&iacute;s.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA pesar de las limitaciones de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica creativa, algunos cient&iacute;ficos cubanos distinguidos continuaron su cooperaci&oacute;n con destacados naturalistas estadounidenses mediante la colaboraci&oacute;n en publicaciones y participando en exploraciones conjuntas 2. Investigaciones sobre Historia Natural y Geograf&iacute;a fueron realizadas por cient&iacute;ficos individuales, con poco apoyo del gobierno, y sin posibilidad garantizada de continuar dichas labores. La investigaci&oacute;n de laboratorio en Cuba se limit&oacute; principalmente a un peque&ntilde;o n&uacute;mero de estaciones experimentales agr&iacute;colas y muy pocas instituciones m&eacute;dicas. Las instalaciones de investigaci&oacute;n eran tan escasas y mal financiadas que una comisi&oacute;n enviada en 1950 por el Banco Internacional de Reconstrucci&oacute;n y Fomento (una rama del Banco Mundial), para evaluar la posible concesi&oacute;n de los pr&eacute;stamos al gobierno cubano declar&oacute; que &ldquo;el desarrollo econ&oacute;mico de Cuba demanda instalaciones de investigaci&oacute;n efectivas para laboratorio y de campo. Pero la misi&oacute;n no pudo encontrar ning&uacute;n laboratorio adecuado para la investigaci&oacute;n aplicada&rdquo; 3.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDespu&eacute;s de 1959, como Cuba y Estados Unidos se distanciaron las autoridades cubanas eligieron una ruta independiente hacia el desarrollo, sobre la base de un esfuerzo extraordinario en la educaci&oacute;n, as&iacute; como una unidad sostenida para construir una comunidad cient&iacute;fica fuerte. Desde 1962, la Academia Cubana ha adquirido funciones similares a las de los consejos de ciencia y tecnolog&iacute;a establecidos en varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, y las tres universidades p&uacute;blicas existentes se reorganizaron en ese mismo a&ntilde;o. Se establecieron nuevas escuelas de ingenier&iacute;a, medicina y agricultura, y se organizaron muchos institutos de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en varias disciplinas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCasi veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, a finales de 1970, Cuba ya estaba en condiciones de beneficiarse de los estudios generados por sus investigadores pioneros y las instalaciones de tecnolog&iacute;a de punta que se hab&iacute;an construido para promover la investigaci&oacute;n. Cuba comenz&oacute; a generar resultados cient&iacute;ficos que dieron como resultado varios productos sofisticados, principalmente en el &aacute;rea farmac&eacute;utica y de equipamiento t&eacute;cnico m&eacute;dico. El ciclo de ciencia-tecnolog&iacute;a-innovaci&oacute;n-producci&oacute;n fue completado localmente por primera vez.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDurante esos esfuerzos iniciales para desarrollar un organismo cient&iacute;fico nacional, Cuba envi&oacute; a muchos estudiantes al extranjero a los pa&iacute;ses socialistas de Europa del Este para los estudios universitarios y de formaci&oacute;n doctoral y postdoctoral, y recibi&oacute; cientos de sus asesores t&eacute;cnicos y cient&iacute;ficos a cambio, pero tambi&eacute;n dio la bienvenida a cient&iacute;ficos y acad&eacute;micos de muchos otros pa&iacute;ses y mantuvo intercambios cient&iacute;ficos con instituciones de todo el mundo. Los cient&iacute;ficos cubanos estaban recibiendo sus maestr&iacute;as y doctorados en otros pa&iacute;ses, incluso algunos en los Estados Unidos. Varios cient&iacute;ficos estadounidenses contribuyeron al desarrollo de la comunidad cient&iacute;fica cubana, con visitas, investigaci&oacute;n cooperativa y nuevas idea.<\/p>\n<p>Sin embargo, a mediados de la d&eacute;cada de 1970, con el fin de construir un puente cient&iacute;fico m&aacute;s duradero entre Cuba y Estados Unidos, Abelardo Moreno, alumno y seguidor de Carlos de la Torre y Huerta 5 -que fue miembro de la Academia Cubana, director del Zool&oacute;gico Nacional de Cuba y un miembro distinguido de muchas organizaciones zool&oacute;gicas nacionales e internacionales- estableci&oacute; contactos iniciales con Theodore Reed, director del Zool&oacute;gico Nacional de Estados Unidos en Washington. Ambos comenzaron a discutir la posibilidad de un programa de intercambio continuo entre el Smithsonian y la Academia Cubana. Moreno hab&iacute;a sido corresponsal asiduo y distinguido visitante del Smithsonian por muchos a&ntilde;os, y era un amigo y compa&ntilde;ero de su ex secretaria, Alexander Wetmore, hasta cerca de 1973, cuando la correspondencia se disip&oacute; dada la creciente dificultad de Wetmore en la superaci&oacute;n de la creciente divisi&oacute;n pol&iacute;tica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLas primeras evidencias de los esfuerzos de Estados Unidos para establecer un puente ocurri&oacute; el 29 noviembre de 1977, un memorando, ahora en los archivos del Smithsonian, en el que Ross Simons, de la Oficina del Secretario Adjunto de Ciencia, informa de una reuni&oacute;n con representantes de la Fundaci&oacute;n Nacional de Ciencia (NSF) en las que se discuti&oacute; una primera visita prevista de una delegaci&oacute;n Smithsonian a Cuba. Esta nota muestra que en alg&uacute;n momento durante los primeros a&ntilde;os de la administraci&oacute;n Carter, incluso la NSF hab&iacute;a contemplado el establecimiento de v&iacute;nculos con algunas organizaciones cubanas con el fin de financiar programas conjuntos de investigaci&oacute;n y que la NSF quer&iacute;a asegurarse de que este nuevo movimiento hacia un entendimiento con la Academia Cubana no har&iacute;a al Smithsonian socio estadounidense exclusivo 6.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA finales de 1977, Moreno destac&oacute; a los funcionarios cubanos la importancia de renovar los contactos entre la Academia Cubana y el Smithsonian 7. Fue bajo la direcci&oacute;n del secretario adjunto para la ciencia, David Challinor, a trav&eacute;s de los buenos oficios de Simons y con un tratamiento muy diplom&aacute;tico de todas las alternativas, que a principios de 1978 se defendi&oacute; una propuesta de visita de una delegaci&oacute;n del Smithsonian a Cuba con el argumento de ser un compromiso no gubernamental. De hecho, el viaje ser&iacute;a financiado en su totalidad por fuentes privadas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn ese momento, la Academia Cubana ten&iacute;a responsabilidades que la hicieron el socio equivalente a varias instituciones estadounidenses. En su funci&oacute;n de asesoramiento y como representante de la comunidad cient&iacute;fica nacional, era un equivalente de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense. En cuanto a su papel como coordinador y facilitador de la red integrada de las sociedades cient&iacute;ficas nacionales, fue el socio natural de la Asociaci&oacute;n Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, editor de Ciencia y Diplomacia).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo el organismo gubernamental nacional a cargo de la coordinaci&oacute;n de las actividades relacionadas con el sistema nacional de ciencia y tecnolog&iacute;a, ten&iacute;a algunas responsabilidades similares a las de la NSF. Por &uacute;ltimo, como el principal organizador y administrador de los museos de ciencias, parques zool&oacute;gicos, y acuarios, la Academia Cubana ten&iacute;a funciones equivalentes a las del Smithsonian. Estas &uacute;ltimas reci&eacute;n hab&iacute;an sido dadas y era natural que los cubanos debieran buscar asesoramiento especializado de las instituciones m&aacute;s desarrolladas disponibles. Adem&aacute;s, estaban en marcha ambiciosos proyectos para desarrollar un nuevo parque zool&oacute;gico y un jard&iacute;n bot&aacute;nico nacionales. Cualquier instituci&oacute;n con experiencia en esos campos era el socio m&aacute;s conveniente para el intercambio cient&iacute;fico.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa Academia Cubana acord&oacute; un calendario y comenz&oacute; la coordinaci&oacute;n nacional necesaria para invitar a una delegaci&oacute;n de cient&iacute;ficos del Smithsonian, y Reed cont&oacute; con la participaci&oacute;n del Museo Nacional de Historia Natural. A finales de 1977, casi todo estaba listo para que esto ocurriera. Tal como estaba previsto, esta primera visita se realiz&oacute; a principios de 1978.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs importante se&ntilde;alar aqu&iacute; el contacto personal entre los investigadores y la extraordinaria productividad de esa primera visita. La delegaci&oacute;n de cient&iacute;ficos del Smithsonian lleg&oacute; a La Habana el 26 de febrero de 1978, y su visita se extendi&oacute; durante una semana. Previo a la visita, la Academia Cubana hab&iacute;a recibido la lista de los investigadores y sus campos de especializaci&oacute;n y se hab&iacute;a iniciado la identificaci&oacute;n de contrapartes para asistirlos. 8<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAunque la limitaci&oacute;n de tiempo impidi&oacute; viajes de campo, excepto a los lugares muy cercanos a La Habana y un corto viaje a Boca en la Ci&eacute;naga de Zapata, el mayor pantano en el Caribe &ndash; la mayor&iacute;a de los anfitriones cubanos llevaron a sus hom&oacute;logos a ver las colecciones y a la vez discutir posibles proyectos a largo plazo. De hecho, la mayor parte de los anfitriones y contrapartes continu&oacute; teniendo relaciones productivas y de colaboraci&oacute;n a trav&eacute;s de los a&ntilde;os que siguieron. 9<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl primer resultado impreso de la visita sali&oacute; de la pluma de Porter Kier, entonces director del Museo Nacional de Historia Natural. Se le concedi&oacute; el acceso a la colecci&oacute;n S&aacute;nchez Roig de equinoides f&oacute;siles cubanos a trav&eacute;s de Amelia Brito, directora adjunta del Instituto de Geolog&iacute;a y Paleontolog&iacute;a. Esta colecci&oacute;n hist&oacute;rica &uacute;nica -que fue dada a conocer por primera vez en la d&eacute;cada de 1950 por la revista Anales la Academia Cubana de Ciencias, necesitaba un curador que podr&iacute;a llevar a cabo una revisi&oacute;n especializada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl propio Roig hab&iacute;a sido un distinguido miembro de la Academia Cubana. A trav&eacute;s de un acuerdo de pr&eacute;stamo, Kier estudi&oacute; la colecci&oacute;n S&aacute;nchez Roig, lo compar&oacute; con colecciones equivalentes del Caribe, y public&oacute; una revisi&oacute;n definitiva de los f&oacute;siles Spatangoides Equinoideos de Cuba en 1985 10. Esto sirve como un excelente ejemplo de la importancia de esta clase de relaciones cient&iacute;ficas que acogen las instituciones.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAcoger la visita tambi&eacute;n conllev&oacute; informar a los hu&eacute;spedes estadounidenses tan a fondo como fue posible sobre el desarrollo de una comunidad cient&iacute;fica cubana y las realidades de la sociedad cubana en la d&eacute;cada de 1970. Los participantes cubanos ten&iacute;an la intenci&oacute;n de no convertir esta visita en una vitrina y permitir en cambio que los investigadores visitantes pasaran el mayor tiempo posible con las colecciones y los colegas. Sin embargo, hubo tanta falta de informaci&oacute;n y propaganda como resultado del conflicto pol&iacute;tico (como todav&iacute;a sucede hoy), que se requer&iacute;a al menos una idea sobre la historia de Cuba y sus instituciones. Como resultado, los visitantes estadounidenses pasaron tiempo en las oficinas centrales de la Academia, el Museo de Historia Natural, la Universidad de La Habana, y el Museo de la Ciudad de La Habana.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQue esta primera visita fuera considerada un &eacute;xito por las autoridades del Smithsonian se desprende de los informes en sus archivos. S. Dillon Ripley, un ornit&oacute;logo por entonces secretario del Smithsonian, expres&oacute; a los miembros del Congreso despu&eacute;s de la visita que &ldquo;fue un gran &eacute;xito desde el punto de vista del Smithsonian y proporciona importantes oportunidades a nuestro personal para examinar el progreso cient&iacute;fico y el estado de las colecciones all&iacute;&hellip; &rdquo; 11 Un detalle interesante surgi&oacute; de notas canjeadas en la Oficina del Secretario Adjunto de Ciencia justo despu&eacute;s de la visita: el coste final asignado por el Smithsonian para un grupo de investigadores de Estados Unidos a pasar una semana en Cuba fue apenas $ 9,388 12.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsta visita dio paso a una invitaci&oacute;n a una delegaci&oacute;n cubana de la academia a Washington el a&ntilde;o siguiente. El presidente de la academia, el hemat&oacute;logo Wilfredo Torres, encabez&oacute; la delegaci&oacute;n cubana. Torres hab&iacute;a estado en la vanguardia en la creaci&oacute;n de instituciones cubanas de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. En el marco del Centro Cubano de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CENIC), una instalaci&oacute;n creada en 1964 como laboratorio multidisciplinario e instituto para estudios de postgrado en varias ramas de la ciencia, Torres hab&iacute;a estado involucrado en la organizaci&oacute;n de grupos de investigaci&oacute;n que eventualmente contribuir&iacute;an a formar nuevos centros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn estrecha relaci&oacute;n con las universidades, como una instalaci&oacute;n de laboratorio bien equipada, CENIC fue el n&uacute;cleo del cual surgieron los seis o siete centros cubanos de mayor desarrollo en la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica avanzada durante la d&eacute;cada de 1970 y principios de 1980, as&iacute; como la investigaci&oacute;n en otros campos, como la salud animal y vegetal.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa delegaci&oacute;n cubana estuvo compuesta por varias de las contrapartes de la visita previa.13 Si el &eacute;nfasis de la primera visita estuvo en la b&uacute;squeda de contrapartes para los investigadores interesados en la cooperaci&oacute;n de ambas partes, y como tal hab&iacute;a tenido &eacute;xito, esta segunda delegaci&oacute;n, por la parte cubana, tuvo la intenci&oacute;n de construir v&iacute;nculos institucionales m&aacute;s fuertes que podr&iacute;an proporcionar una base com&uacute;n para las actividades a m&aacute;s largo plazo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nFue entonces cuando Ripley pas&oacute; a estar directamente involucrado en el intercambio. &Eacute;l hab&iacute;a estado en contacto con Moreno, tambi&eacute;n ornit&oacute;logo, durante muchos a&ntilde;os. Cada vez que se cruzaban, de inmediato se perd&iacute;an en la conversaci&oacute;n. Asimismo, durante la visita, Ripley pas&oacute; la mayor parte de su tiempo involucrado en las discusiones con Moreno.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa reuni&oacute;n fue un &eacute;xito y hab&iacute;a abonado el terreno para otro encuentro. Tan pronto como la delegaci&oacute;n cubana regres&oacute; a La Habana, los preparativos se iniciaron para la visita de Ripley a Cuba y la posibilidad de firmar alg&uacute;n tipo de acuerdo a largo plazo delineando una relaci&oacute;n continuada basada en algo m&aacute;s permanente que un intercambio ocasional de letras.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA principios del a&ntilde;o siguiente, Simons fue a La Habana para prepararse para la visita de Ripley, y Simons y este autor redactaron el memorando de entendimiento (MoU). Este documento fue revisado por asesores legales de ambas partes y fue determinado como no vinculante tanto para ambos gobiernos. Un documento muy simple, que todav&iacute;a est&aacute; en vigor y proporciona una base com&uacute;n para una relaci&oacute;n cient&iacute;fica confiable y continua entre dos instituciones que han estado compartiendo v&iacute;nculos cient&iacute;ficos durante m&aacute;s de un siglo y medio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn abril de 1980, Ripley y su esposa, Mary, horticultora, visitaron la Academia Cubana. Tirso W. S&aacute;enz, presidente en funciones, Moreno, y el autor lo acogieron. Durante la semana que estuvieron en Cuba, entraron en contacto con la academia y su actividad de investigaci&oacute;n, asistieron al acto constitutivo de la Secci&oacute;n Cubana del Consejo Internacional para la Preservaci&oacute;n de las Aves, y se reunieron con el vicepresidente cubano, Jos&eacute; Ram&oacute;n Fern&aacute;ndez y el miembro del Consejo de Estado Guillermo Garc&iacute;a Fr&iacute;as.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe organiz&oacute; una expedici&oacute;n de observaci&oacute;n de aves para la Ci&eacute;naga de Zapata, un para&iacute;so para las colonias de aves. De ah&iacute; fue a la Bah&iacute;a de Cochinos y Playa Larga, tristes recordatorios de la dureza del conflicto con los Estados Unidos hab&iacute;a estado recientemente en Cuba. Por &uacute;ltimo, acompa&ntilde;ado por el autor, visit&oacute; el Museo de la Ciudad de La Habana, donde se reuni&oacute; con Eusebio Leal, quien en ese momento hab&iacute;a iniciado un enorme esfuerzo para recuperar y restaurar el esplendor de los edificios hist&oacute;ricos de la Habana Vieja.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLeal, ahora miembro de la Academia de Historia de Cuba, la Academia de Ciencias de Cuba, y de la Academia Cubana de la Lengua, le mostr&oacute; lo que hab&iacute;a sido ya realizado, junto con sus planes e ideas. En las exposiciones, Ripley hizo una pausa para mirar la colecci&oacute;n de banderas cubanas de &eacute;poca originales y los restos del acorazado Maine, hundido en el puerto de La Habana en 1898. Tambi&eacute;n ley&oacute; un facs&iacute;mil de la Enmienda Platt bajo la cubierta de cristal de la mesa del &uacute;ltimo oficial militar de EE.UU. que presidi&oacute; el pa&iacute;s, en 1902. Como regalo de despedida, Leal le entreg&oacute; retratos de Jos&eacute; Mart&iacute;, con una inscripci&oacute;n facs&iacute;mil de pu&ntilde;o y letra de Mart&iacute; que dice en espa&ntilde;ol &ldquo;Y Cuba debe ser libre de Espa&ntilde;a y de los Estados Unidos&hellip;.&rdquo;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nRipley firm&oacute; el memorando junto con S&aacute;enz y se refiri&oacute; a la necesidad para que los cient&iacute;ficos aumenten ese entendimiento de cada uno. Desafortunadamente, durante su estancia, el aura de cooperaci&oacute;n fue perturbada cuando varias personas asaltaron la embajada de Per&uacute; en La Habana, para obtener acceso a las zonas diplom&aacute;ticas, y, en el proceso, mataron a un guardia y se produjo el &eacute;xodo del Mariel, durante el cual muchos cubanos trataron de emigrar a los Estados Unidos. Al a&ntilde;o siguiente, un gobierno republicano llegar&iacute;a al poder en Washington, y durante m&aacute;s de una d&eacute;cada la relaci&oacute;n que hab&iacute;a sido tan asiduamente construida, primero se vio disminuida y, finalmente, estancada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn 1985, el vicepresidente Challinor del Smithsonian, que hab&iacute;a ayudado a localizar los fondos privados necesarios para sostener intercambios iniciales con Cuba, visit&oacute; la academia, y se discuti&oacute; y firm&oacute; un plan para continuar los intercambios. Tanto Challinor y el nuevo secretario, Robert McCormick Adams Jr., que hab&iacute;a sustituido a Ripley despu&eacute;s de su retiro el a&ntilde;o anterior, batallaron por alg&uacute;n tiempo con el Departamento de Estado de Estados Unidos para defender el derecho del Smithsonian para mantener un intercambio cient&iacute;fico con investigadores cubanos, pero la ret&oacute;rica de la administraci&oacute;n Reagan se hizo cada vez m&aacute;s dura, hasta que el Smithsonian no tuvo m&aacute;s remedio que esperar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el informe de 1985 sobre las actividades internacionales del Smithsonian, s&oacute;lo una p&aacute;gina est&aacute; dedicada a Cuba, y menciona s&oacute;lo brevemente una reuni&oacute;n de pol&iacute;ticas. El texto se limita a enumerar a los asistentes, incluyendo a Oliver North en representaci&oacute;n del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa situaci&oacute;n no mejor&oacute; bajo la administraci&oacute;n de George H.W. Bush, y no fue hasta 1992 que los contactos se reanudaron. En enero, por invitaci&oacute;n de Wayne Smith, profesor de estudios latinoamericanos que estaba entonces en la Universidad Johns Hopkins, una delegaci&oacute;n de cient&iacute;ficos cubanos visit&oacute; el Smithsonian para una mesa redonda sobre la biodiversidad. Acogido por el Museo Nacional de Historia Natural, en virtud de su programa de biodiversidad, y con el apoyo de Don Wilson, el director de biodiversidad en el Museo Nacional de Historia Natural y Simons, el grupo cubano incluy&oacute; a Mar&iacute;a Elena Ibarra, directora del Instituto de Ciencias Marinas de la Universidad de La Habana; &Aacute;ngela Leyva, directora del Jard&iacute;n Bot&aacute;nico Nacional; Hiram Gonz&aacute;lez, ornit&oacute;logo de la Sociedad Zool&oacute;gica cubana; Gilberto Silva, del Museo Nacional de Historia Natural; Miguel Vales, director del Centro Cubano de la Biodiversidad en el Instituto de Ecolog&iacute;a y Sistem&aacute;tica; Jorge Foyos, entonces director adjunto del Instituto de Oceanolog&iacute;a; Pedro Rosabal, de la Comisi&oacute;n Nacional del Medio Ambiente; y el autor. Este grupo discuti&oacute; alternativas para continuar las actividades en apoyo de las colecciones de historia natural, expediciones e investigaci&oacute;n conjunta.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDurante los a&ntilde;os 1980 y 1990, muchas otras actividades se iniciaron con el Smithsonian a trav&eacute;s de diferentes canales, como la colaboraci&oacute;n en la historia de la ciencia dirigida por Pedro M. Pruna, Jos&eacute; B. Altshuler, y Bernard Finn. V&iacute;nculos con los museos de arte, promovidos por James Early en el Smithsonian, y los v&iacute;nculos entre el Museo Nacional del Ind&iacute;gena Americano y la Fundaci&oacute;n Antonio N&uacute;&ntilde;ez Jim&eacute;nez de la Naturaleza y la Humanidad, tambi&eacute;n fueron fomentados.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA partir de este nuevo comienzo, muchas otras actividades han surgido, a menudo promovidas por los mismos expertos de ambos lados del Estrecho de la Florida que han participado durante d&eacute;cadas. Mucho conocimiento en EEUU sobre Cuba ha surgido. En 1998, el autor tuvo la oportunidad de acompa&ntilde;ar al presidente de la Academia Cubana al Museo Nacional de Historia Natural, donde asistieron a un panel donde varios cient&iacute;ficos estadounidenses y cubanos discutieron el espectro completo de la investigaci&oacute;n conjunta entre los dos pa&iacute;ses.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAdem&aacute;s del MoU, a&uacute;n efectivo, firmado por el Smithsonian y la Academia Cubana en 1980, la academia firm&oacute; memorandos de entendimiento con el Jard&iacute;n Bot&aacute;nico de Nueva York en 1994 y, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con el Consejo de Investigaci&oacute;n de Ciencias Sociales; con esto &uacute;ltimo, para el continuo intercambio de investigaci&oacute;n no s&oacute;lo entre las ciencias sociales y econ&oacute;micas, sino tambi&eacute;n con las ciencias naturales y ambientales. Por &uacute;ltimo, en 2013, un nuevo memorando de entendimiento fue firmado entre la Academia cubana y la AAAS para continuar este camino de contactos e intercambios cient&iacute;ficos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA lo largo de todos estos a&ntilde;os, la Academia Cubana y la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. han tenido un entendimiento com&uacute;n y acciones compartidas, para avanzar en el impacto de la ciencia en los asuntos mundiales a trav&eacute;s de actividades basadas en las organizaciones internacionales multilaterales como el Consejo Internacional para la Ciencia, la Asociaci&oacute;n Interacad&eacute;mica, la Red Interamericana de Academias de Ciencias, y sus respectivas redes de centros de excelencia y sociedades cient&iacute;ficas especializadas. Todos estos instrumentos a favor de la continuidad de los v&iacute;nculos que proporcionan la base necesaria para la investigaci&oacute;n conjunta para que los cient&iacute;ficos y estudiosos pueden participar en proyectos a largo plazo, que a su vez dar&aacute;n a la investigaci&oacute;n b&aacute;sica y fundamental la posibilidad de alcanzar los resultados que proporcionan nuevos conocimientos. Sin embargo, como todos esos intercambios tienen que ser apoyados exclusivamente por fondos privados, s&oacute;lo pueden avanzar muy lentamente y en peque&ntilde;os pasos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, las comunidades cient&iacute;ficas de Cuba y los Estados Unidos han encontrado varias maneras de unirse y estar de acuerdo en lo que es esencial para avanzar en la investigaci&oacute;n conjunta para beneficio de ambos pa&iacute;ses, pueblos y sociedades. Ellos han hecho este punto expl&iacute;cito en una serie de documentos y art&iacute;culos, pero poco puede realizarse bajo el presente embargo, una limitaci&oacute;n que no puede ser ignorada.14<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAl trabajar juntos, las dos comunidades cient&iacute;ficas pueden crear una fuerza formidable que promueva el desarrollo de habilidades en los dem&aacute;s sectores. Ambas fuerzas combinadas pueden traer una sinergia que proporcionar&aacute; un nuevo camino de extraordinarios impactos. Un ejemplo de ello proviene de los logros recientes en contener la epidemia del &Eacute;bola en &Aacute;frica Occidental. Los m&eacute;dicos y enfermeras cubanos quienes estaban bien entrenados para hacer frente a cat&aacute;strofes y epidemias, apoyados por personal de Estados Unidos, as&iacute; como de otros pa&iacute;ses y organizaciones no gubernamentales, parecen haber reducido la propagaci&oacute;n de la enfermedad. Aunque todav&iacute;a es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas, el resultado podr&iacute;a haber sido mucho peor si no fuera por los m&eacute;dicos y enfermeras cubanos, junto a las instalaciones hospitalarias de Estados Unidos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA trav&eacute;s de los a&ntilde;os, numerosos v&iacute;nculos cient&iacute;ficos entre Cuba y Estados Unidos han producido resultados cada vez que la cooperaci&oacute;n ha permitido proceder de buena fe. Sin embargo, para que los intercambios cient&iacute;ficos de los dos pa&iacute;ses puedan ser realmente productivos a largo plazo, los nuevos esfuerzos requieren una pizarra en blanco y ser guiados por una nueva visi&oacute;n de las relaciones bilaterales.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin duda, despu&eacute;s de m&aacute;s de medio siglo sin relaciones diplom&aacute;ticas, varios temas pendientes tendr&aacute;n que ser resueltos entre los dos pa&iacute;ses. Y muchos podr&iacute;an argumentar en contra de una relaci&oacute;n m&aacute;s c&aacute;lida a menos que se tomen tales y tales pasos primero. Pero la ciencia merece una oportunidad. La investigaci&oacute;n conjunta en casi cualquier campo s&oacute;lo puede funcionar para los mejores objetivos y necesidades de ambos pa&iacute;ses y debe ser favorecida sin requisitos previos. La evidencia sugiere que la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica conjunta entre Estados Unidos y Cuba puede proporcionar oportunidades para el progreso y desarrollo de capacidades en ambos pa&iacute;ses y en otros lugares.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEste progreso, sin embargo, requerir&aacute; licencias generales haciendo caso omiso a muchos aspectos del embargo, la relajaci&oacute;n de las diversas limitaciones (por ejemplo, en la banca, asuntos fiscales, las aduanas, los viajes, el movimiento) en ambos pa&iacute;ses para las actividades de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, y, lo m&aacute;s importante, un cambio visi&oacute;n fundamentalmente. Al menos en el campo de la ciencia, debemos ser capaces de encontrar formas creativas para participar en la cooperaci&oacute;n continua que nos puedan aportar soluciones muy necesarias para los problemas globales urgentes que inciden en ambos pa&iacute;ses. Esta labor cient&iacute;fica conjunta puede ayudar a construir un s&oacute;lido puente de entendimiento a trav&eacute;s de la divisi&oacute;n pol&iacute;tica existente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNotas al pie<br \/>\n&nbsp;1.Una buena narrativa de estos intercambios se puede encontrar en la conferencia inaugural de Pedro Marino Pruna Goodgall para la exposici&oacute;n El naturalista cubano Felipe Poey y el descubrimiento de la biodiversidad en el siglo XIX, en ele Smithsonian Tropical Research Institute en Panama, Septiembre 5, 2005.<br \/>\n&nbsp;2.One example is Carlos de la Torre y Huerta, Felipe Poey&rsquo;s main disciple and also a member of the Academy of Sciences of Cuba. His counterparts for many years were William Morton Wheeler and Thomas Barbour, from Harvard&rsquo;s Museum of Comparative Zoology, as well as John B. Henderson and Paul Bartsch, from the U.S. National Museum of Natural History. Several volumes on Cuban mollusks, coauthored by Torre and Bartsch, were published by the Smithsonian. Additionally, Henderson and Torre organized an expedition in 1914 to Los Colorados Keys, on Cuba&rsquo;s northwest coast. See John B. Henderson, &ldquo;Handbook of Cuban Land and Freshwater Shells,&rdquo; typewritten MS, Smithsonian Archives; see also &ldquo;Log Book of the &lsquo;Tomas Barrera,&rsquo;&rdquo; Smithsonian Archives. Years later, Bartsch also explored several islands and keys on the southern coast of Camag&uuml;ey province, in eastern Cuba. See Paul Bartsch et al., &ldquo;The Avifauna of the Cayerias of Southern Cuba with the Ornithological Results of the Paul Bartsch Expedition of 1930,&rdquo; Smithsonian Contributions to Zoology (1989).<br \/>\n&nbsp;3.Report on Cuba: Findings and Recommendations of an Economic and Technical Mission Organized by the International Bank of Reconstruction and Development in Collaboration with the Government of Cuba in 1950 (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1951), 223.<br \/>\n&nbsp;4.While the list of researchers is very long, some notable American scientists who visited Cuba during the later twentieth century include William Golden, Lynn Margulis, Harlyn Halvorson, Leon Lederman, George Wald, Murray Gell-Mann, S. Dillon Ripley, David Challinor, and Brian M. Boom..<br \/>\n&nbsp;5.Moreno continued a tradition of cooperation started from the earlier-described links begun by Poey and followed by Torre; all were members of the Academy of Sciences of Cuba. See note 2.<br \/>\n&nbsp;6.Ross Simons to Theodore Reed and Porter Kier, November 23, 1977. Internal memo on a meeting with Eduardo Feller of the National Science Foundation, Smithsonian Archives.<br \/>\n&nbsp;7.The discussion participants included the academy president, Wilfredo Torres, a hematologist who graduated from the University of Havana; its vice president, Tirso W. S&aacute;enz, a chemical engineer who graduated from Rensselaer Polytechnic Institute; its general scientific secretary, Ismael Clark, a biochemist who is today president of the Cuban Academy and who graduated from the University of Havana and also studied at the University of Jena in Germany; and the author, who had recently graduated from the University of Havana. At the time, the author was in charge of cooperative programs with international scientific organizations and was already becoming interested in science policy studies.<br \/>\n&nbsp;8.This group included five scientists from the National Zoo: Theodore Reed, its director and a veterinary scientist; John Eisenberg, an expert on mammals; Eugene Morton, an ornithologist; Dale Marcellini, a herpetologist; and Jaren Horsley, an expert on invertebrates. Participants from the National Museum of Natural History were as follows: Porter Kier, its director and a paleontologist; Robert Read, a botanist and specialist on palms; Douglas Ubelaker, an anthropologist; Meredith L. Jones, a specialist on sea worms; Raymond B. Manning, an expert on marine invertebrates; C.W. &ldquo;Bill&rdquo; Hart, a specialist on invertebrates interested in cave shrimps; and Storrs Olson, a fossil ornithologist. The group was completed by Ross Simons, who represented the Office of the Secretary.<br \/>\n&nbsp;9.Cuban counterparts included Abelardo Moreno, director of the zoo and an ornithologist, who accompanied Theodore Reed during most of his visit and discussed plans for the new zoo. Hiram Gonz&aacute;lez, a young Cuban ornithologist, not only hosted Eugene Morton and Storrs Olson and showed them the collections in Havana but also maintained a productive relationship with them through the years dedicated mainly to the study of shared migratory bird species. Gonz&aacute;lez much later served for many years as director of the Cuban National Museum of Natural History and was eventually elected president of the Cuban National Zoological Society, a position he held until very recently. Dale Marcellini was hosted by a very young researcher named Lourdes Rodriguez Schettino, who at the turn of the century published a seminal monograph on Cuban anole lizards that was, in many ways, a result of continued cooperation between Cuban and U.S. partners. See Lourdes Rodr&iacute;guez Schettino, ed., The Iguanid Lizards of Cuba(Gainesville, Florida: University Press of Florida, 1999). The three marine biologists were hosted by Rodolfo Claro, who was then director of the Institute of Oceanology. Both he and his institute colleagues maintained ties with their U.S. partners; with two of them, he published an updated edition of his book Ecology of the Marine Fishes of Cuba, now a definitive reference: Rodolfo Claro Madruga, Kenyon C. Lindeman, and Lynne R. Parenti, eds, Ecology of the Marine Fishes of Cuba(Washington, DC: Smithsonian Institution Press, 2001). Robert Read was hosted by Onaney Mu&ntilde;iz, also a specialist in tropical palms (see previous note for Read). Both developed close ties with colleagues in their respective countries before passing away. Ubelaker was the most obvious mismatch in the delegation, since there was no equivalent anthropologist active during his visit to the academy (his most obvious partners were abroad at the time). All the same, he was able to visit the Montane Anthropological Museum collections at the University of Havana..<br \/>\n&nbsp;10.Porter M. Kier, &ldquo;Fossil Spatangoid Echinoids of Cuba,&rdquo; Smithsonian Contributions to Paleontology, No. 55, (March 1985).<br \/>\n&nbsp;11.Letter sent by S. Dillon Ripley to members of Congress before the Cuban delegation&rsquo;s visit in May 1979, Smithsonian Archives.<br \/>\n&nbsp;12.T. Ames Wheeler to David Challinor, May 9, 1978, internal memorandum, Smithsonian Archives.<br \/>\n&nbsp;13.This group included Rodolfo Claro and Onaney Mu&ntilde;iz. Two women researchers were also included, with none having joined the first visit. Amelia Brito, now retired, had been instrumental in helping Kier, and Nuria Gregory, now director of the academy&rsquo;s Institute of Literature and Linguistics, was then interested in gaining access to Library of Congress contacts, given that she led (and still leads) Cuba&rsquo;s second most important library. Gustavo Kouri, director of the Cuban Institute of Tropical Medicine, which was then being created, and the author, representing the international office of the Cuban Academy, completed the delegation. Kouri eventually became a vice president of the Cuban Academy, a post he held until his death in 2011. The author became foreign secretary of the Cuban Academy in 1996.<br \/>\n&nbsp;14.See Sergio Jorge Pastrana (Cuban Academy) and Michael T. Clegg (U.S. National Academy of Sciences), &ldquo;U.S.-Cuban Scientific Relations,&rdquo; Science 322, no. 5900 (October 17, 2008): 345; Brian M. Boom, &ldquo;Biodiversity without Borders&rdquo; Science &amp; Diplomacy 1, no. 3 (September 2012); Stephen Johnson, Nicholas R. Lombardo, and Sadie May Davis, U.S.-Cuba Academic and Science-Based Exchanges (Washington, DC: Center for Strategic and International Studies, August 2012); Kathy Wren, &ldquo;Science Diplomacy Visit to Cuba Produces Historic Agreement,&rdquo; American Association for the Advancement of Science, April 30, 2014; and&nbsp; Gerald R. Fink, Alan I. Leshner, and Vaughan C. Turekian, &ldquo;Science Diplomacy with Cuba,&rdquo; Science 344, no. 6188 (June 6, 2014): 1065.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n*Sergio Jorge Pastrana es Acad&eacute;mico Titular, Secretario de Relaciones Exteriores y Director General de la Academia de Ciencias de Cuba.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n(Texto traducido por Dariena Guerra, Cubadebate)<\/p>\n<p>Fuente: CubaDebate<br \/>\nDisponible en: <a href=\"http:\/\/www.cubadebate.cu\/especiales\/2015\/04\/02\/construyendo-un-puente-de-larga-duracion-entre-cuba-y-los-eeuu-a-traves-de-la-ciencia\/\">http:\/\/www.cubadebate.cu\/especiales\/2015\/04\/02\/construyendo-un-puente-de-larga-duracion-entre-cuba-y-los-eeuu-a-traves-de-la-ciencia\/<\/a><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"clear\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Sergio Jorge Pastrana* Publicado en la revista norteamericana Science &amp; Diplomacy &nbsp; El 17 de diciembre de 2014, los presidentes de Cuba y los Estados Unidos, Ra&uacute;l Castro y Barack Obama, hicieron inesperados anuncios simult&aacute;neos que se distancian de una pol&iacute;tica que ha estado en vigor durante m&aacute;s de medio siglo. 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