{"id":19810,"date":"2021-10-16T00:26:52","date_gmt":"2021-10-16T04:26:52","guid":{"rendered":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/?p=19810"},"modified":"2021-10-16T07:41:09","modified_gmt":"2021-10-16T11:41:09","slug":"medicos-contra-la-adversidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/2021\/10\/16\/medicos-contra-la-adversidad\/","title":{"rendered":"M\u00e9dicos contra la adversidad"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-19812\" src=\"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2021\/10\/medicos-contra-la-adversidad.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"162\" \/>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 despu\u00e9s de que el doctor Tom\u00e1s Romay y Chac\u00f3n acometiera las primeras inmunizaciones contra la viruela, que tuvieron lugar en el pa\u00eds el 10 de febrero de 1804, hace ahora 217 a\u00f1os?<!--more--><\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de ese hecho trascendental se creaba aqu\u00ed la Junta Central de Vacunas, que design\u00f3 a Romay como su secretario ejecutivo, cargo que el m\u00e9dico cubano mantuvo durante 33 a\u00f1os en los que dio muestras de su constancia sorprendente y su celo inusitado. Fue elegido, asimismo, socio correspondiente de la Comisi\u00f3n Central de la Vacuna, con sede en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Durante esos a\u00f1os se logr\u00f3 vacunar contra la viruela a m\u00e1s de 210 000 personas en La Habana, y a unas 311 000 en todo el pa\u00eds. Hubo un sujeto que se encarg\u00f3, sin embargo, de hacerle la vida imposible al m\u00e9dico habanero y a su familia. Organiz\u00f3 tumultos en su contra con provocadores, y uno de ellos ocasion\u00f3 la muerte de la esposa de Romay, Mariana Gonz\u00e1lez, que dio siete hijos al doctor.<\/p>\n<p>Ese individuo fue el sacerdote castellano Tom\u00e1s Guti\u00e9rrez Pi\u00f1eres, ladr\u00f3n de honras ajenas y censor implacable de cuantos propugnaban cualquier tipo de cambio. La agitaci\u00f3n pol\u00edtica en Espa\u00f1a ech\u00f3 sobre Cuba, por segunda vez, a ese paranoico demoledor que se erigi\u00f3 en fiscal de jueces y tribunales, con lo que motiv\u00f3 que la Audiencia, mediante un auto especial, prohibiera a los letrados mostrar sus archivos a Pi\u00f1eres, constituido entonces en defensor de todo aquel que hubiese perdido un pleito.<\/p>\n<p>Hombre culto y de viva inteligencia, era tambi\u00e9n un polemista agrio y altanero, que no escatimaba calificativos injuriosos para sus contrincantes. Romay no permaneci\u00f3 con los brazos cruzados: lo acus\u00f3 de difamaci\u00f3n ante un tribunal, gan\u00f3 el pleito y consigui\u00f3 que lo recluyeran en un convento.<\/p>\n<p>C\u00f3lera en La Habana<\/p>\n<p>Se dice que el 25 de febrero de 1833 se detect\u00f3 en la capital el primer caso de c\u00f3lera. El doctor Manuel Jos\u00e9 de Piedra fue llamado a examinar a un sujeto reci\u00e9n llegado de Estados Unidos, propietario de la bodega sita en Morro y C\u00e1rcel, y ante la diarrea aguda, acuosa, como agua de arroz y olor a pescado que aquejaba al enfermo, comprendi\u00f3 que se hallaba en presencia de un caso de c\u00f3lera.<\/p>\n<p>Pocas horas despu\u00e9s el bodeguero de la calle Morro era cad\u00e1ver y esa misma noche se reportaban cuatro esclavas enfermas en la residencia del acaudalado Pancho Marty, propietario del teatro Tac\u00f3n. A la ma\u00f1ana siguiente ya eran cientos los contagiados.<\/p>\n<p>Reaccionaron los habaneros con incertidumbre y temor. Nada se conoc\u00eda entonces en Cuba acerca de esa enfermedad. \u00bfEstaba La Habana en presencia de una verdadera epidemia o todo obedec\u00eda a un diagn\u00f3stico errado del doctor Piedra? Prefirieron los habaneros inclinarse por esa \u00faltima variante y, confundiendo la mala noticia con el mensajero, desataron sobre Piedra una monta\u00f1a de odio.<\/p>\n<p>La primera reacci\u00f3n fue la de apedrearlo en la calle. Luego quisieron lincharlo. El Capit\u00e1n General, que vio el c\u00f3lera durante su mando en Filipinas, visit\u00f3 aqu\u00ed a varios enfermos y concurri\u00f3 al Protomedicato para asegurar que Piedra ten\u00eda raz\u00f3n y su diagn\u00f3stico era el correcto. Los \u00e1nimos no se aplacaron y comenz\u00f3 a ech\u00e1rsele en cara que no era capaz de salvar a los pacientes que ten\u00eda a su cargo. Hubo que dar protecci\u00f3n al m\u00e9dico.<\/p>\n<p>Dos lanceros a caballo custodiaban de manera permanente su domicilio y su consultorio, y otros dos lo acompa\u00f1aban en sus salidas. Pronto los guardaespaldas se hicieron innecesarios y pudo Piedra gozar de la tranquilidad que merec\u00eda, pues en cuanto a sus detractores, muchos hab\u00edan muerto y los que estaban vivos se mor\u00edan de miedo.<\/p>\n<p>Mientras tanto, el c\u00f3lera no respetaba edad, sexo ni condici\u00f3n social. Se burlaba de toda prevenci\u00f3n y contrariaba todas las previsiones. Cuando se le supon\u00eda confinado en el barrio de San L\u00e1zaro, aparec\u00eda en Jes\u00fas del Monte. La Habana se paraliz\u00f3 y cay\u00f3 sobre esta el velo de la tristeza. Se evitaba salir de la casa; la gente no se visitaba y se rompieron lazos de parentesco y amistad.<\/p>\n<p>La zafra qued\u00f3 trunca y solo m\u00e9dicos y sacerdotes, notarios, abogados y estudiantes de Medicina transitaban por las calles. Por l\u00ednea general no falt\u00f3 la atenci\u00f3n m\u00e9dica a quien la necesitaba ni la asistencia espiritual, porque el clero cat\u00f3lico se comport\u00f3 con abnegaci\u00f3n y nobleza. Siete sepultureros murieron v\u00edctimas del morbo. Hubo que improvisar cementerios. La voracidad de la epidemia lleg\u00f3 a su cl\u00edmax el 28 de marzo, cuando cobr\u00f3 435 fallecidos.<\/p>\n<p>A esa altura, los habaneros hab\u00edan decidido reconciliarse con Piedra, y en masa acudieron a su domicilio en homenaje de desagravio. El m\u00e9dico segu\u00eda trabajando sin descanso hasta el d\u00eda en que sinti\u00f3 los primeros s\u00edntomas de la enfermedad, cuando en la fortaleza de la Caba\u00f1a examinaba a un grupo de soldados enfermos. Pidi\u00f3 que lo llevaran a su casa y all\u00ed se hizo atender por su eminente colega, el doctor Tom\u00e1s Romay, que lo arranc\u00f3 de las garras de la muerte. Diez d\u00edas despu\u00e9s retornaba a su consulta y a sus pacientes.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda la epidemia comenz\u00f3 a alejarse. Se fue como vino, pero esta vez con el saldo de 12 000 v\u00edctimas, la tercera parte de los habaneros de entonces.<\/p>\n<p><strong>El m\u00e9dico de los mosquitos<\/strong><\/p>\n<p>Es el 14 de agosto de 1881 y en la sala de actos de la Academia de Ciencias M\u00e9dicas, F\u00edsicas y Naturales, de La Habana, el doctor Carlos J. Finlay se siente en un momento clave de su existencia. Acaba de hacer un planteamiento absolutamente original y escruta los rostros de sus compa\u00f1eros de labores acad\u00e9micas.<\/p>\n<p>Ha echado por tierra todas las teor\u00edas sobre la fiebre amarilla. Es m\u00e1s, formula una nueva concepci\u00f3n acerca del contagio basada en el papel de los vectores en la transmisi\u00f3n de enfermedades, ya que nunca antes se expuso, y mucho menos se aval\u00f3 experimentalmente, la posibilidad de que los insectos sirviesen de entes transmisores de microorganismos pat\u00f3genos.<\/p>\n<p>La honda emoci\u00f3n y la confianza en la certeza de sus postulados apenas le dejan reparar en la actitud hostil de su auditorio. Piensa que los incr\u00e9dulos tendr\u00e1n que mudar de parecer cuando d\u00e9 a conocer las pruebas que respaldan sus afirmaciones.<\/p>\n<p>Pero Finlay no logra entusiasmar a nadie. Cuando el presidente de la sesi\u00f3n anuncia que conceder\u00e1 la palabra a los que quieran hacer uso de ella, solo se escucha la voz del secretario general de la corporaci\u00f3n para solicitar que el trabajo del ilustre cient\u00edfico \u00abquede sobre la mesa\u00bb, formulismo que indicaba que no habr\u00eda comentarios.<\/p>\n<p>Ninguno de los estudiosos que concurrieron aquel 14 de agosto de 1881 a la sala de actos de la Academia de Ciencias M\u00e9dicas, F\u00edsicas y Naturales de La Habana, impugn\u00f3 los puntos expuestos por Finlay en la teor\u00eda del mosquito Aedes Aegypti como agente transmisor de la fiebre amarilla ni se mostr\u00f3 de acuerdo con ellos.<\/p>\n<p>El silencio fue la \u00fanica respuesta a una concepci\u00f3n que no solo posibilitar\u00eda a la postre la erradicaci\u00f3n del entonces llamado \u00abv\u00f3mito negro\u00bb, sino que abri\u00f3 un nuevo cap\u00edtulo en la historia de la medicina tropical. Empezaron a llamarlo el m\u00e9dico de los mosquitos.<\/p>\n<p>Indiferencia, burlas e iron\u00edas no lograron erosionar en Finlay la fe en s\u00ed mismo ni su tenacidad. Su teor\u00eda se abri\u00f3 paso. Durante la primera intervenci\u00f3n norteamericana en Cuba (1899-1902) el Gobierno de Estados Unidos presion\u00f3 a sus m\u00e9dicos militares destacados en el pa\u00eds para que buscasen una soluci\u00f3n al problema de la fiebre amarilla. Impotentes ante la enfermedad, decidieron ensayar la teor\u00eda de Finlay. Este, con una generosidad extraordinaria, puso a disposici\u00f3n de los visitantes el resultado de sus 30 a\u00f1os de trabajo.<\/p>\n<p>Desde los primeros contactos de los norteamericanos con Finlay comenz\u00f3 a gestarse la infamia, pues el mayor Walter Reed, quien fung\u00eda como jefe del grupo, nunca se mostr\u00f3 partidario de reconocer a Finlay la paternidad del descubrimiento en caso de que llegase a corroborarse su teor\u00eda. Quer\u00eda el m\u00e9rito solo para s\u00ed y no demor\u00f3 en adjudic\u00e1rselo.<\/p>\n<p>Cuando en febrero de 1901 se convoc\u00f3 en La Habana el 3er. Congreso Panamericano de Medicina, una gran expectaci\u00f3n reinaba entre los asistentes.<\/p>\n<p>En sus sesiones volver\u00edan a encontrarse cara a cara Finlay y Reed. Cuando toc\u00f3 a Finlay el turno para dar a conocer su ponencia, dice su bi\u00f3grafo Rodr\u00edguez Exp\u00f3sito, \u00abuna ovaci\u00f3n cerrada recibi\u00f3 a la figura venerable, serena y digna del noble anciano. Los m\u00e9dicos de todo el continente all\u00ed representados rend\u00edan de ese modo un emotivo y elocuente homenaje al descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla\u00bb.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, Reed se dirigi\u00f3 al Congreso. Ley\u00f3, asimismo, un informe sobre la fiebre amarilla, pero el nombre de Finlay no se menciona en sus p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n de las recomendaciones del m\u00e9dico cubano posibilit\u00f3 el saneamiento, con el ahorro consiguiente de vidas humanas, de extensas regiones en Brasil, el sur de Estados Unidos y en pa\u00edses de \u00c1frica y Asia. As\u00ed se concluy\u00f3 la construcci\u00f3n del Canal de Panam\u00e1.<\/p>\n<p>Hizo posible adem\u00e1s el saneamiento de La Habana y de otras regiones del pa\u00eds. Su proeza se sale del marco que le toc\u00f3 vivir a la medicina de su tiempo y sent\u00f3, a escala universal, la base para la b\u00fasqueda y la soluci\u00f3n de los problemas m\u00e9dico-sanitarios.<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"http:\/\/www.juventudrebelde.cu\/columnas\/lecturas\/2021-06-19\/medicos-contra-la-adversidad\"><strong>Juventud Rebelde<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 despu\u00e9s de que el doctor Tom\u00e1s Romay y Chac\u00f3n acometiera las primeras inmunizaciones contra la viruela, que tuvieron lugar en el pa\u00eds el 10 de febrero de 1804, hace ahora 217 a\u00f1os?<\/p>\n","protected":false},"author":34,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[85],"tags":[967,1955,4271,4270,4272,4131],"class_list":["post-19810","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sabia-que","tag-colera","tag-fiebre-amarilla","tag-finlay","tag-mosquito-aedes-aegypti","tag-tomas-romay-y-chacon","tag-vacunas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19810","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/users\/34"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19810"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19810\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19813,"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19810\/revisions\/19813"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19810"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19810"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/contenidosportal.sld.cu\/editorhome\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19810"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}